viernes, 21 de septiembre de 2012

Cómo amar la vida hoy mismo

EL INFORMADOR, Tertulia del sábado 22 de septiembre, 2012.

Marcel Proust (1871-1922).
Hace años, el suizo Alain de Botton escribió Cómo cambiar tu vida con Proust (Punto de Lectura, España, 2001) un libro que intenta ser un manual de ayuda, basado en la vida y obra de Marcel Proust (1871-1922) en donde despliega nueve posibilidades que pueden cambiar nuestra vida, empezando con aquello que debemos saber para disfrutarla hoy mismo, no mañana, ni ayer, sino hoy mismo.

Como sabemos, Proust se dedicó a buscar aquello que consideraba el tiempo perdido, como lo hizo con Sabia virtud el poeta Renato Leduc que recuerda la necesidad de “amar a tiempo y destarase a tiempo”, así como, “la dicha inicua de perder el tiempo”:

Amar queriendo como en otro tiempo
—ignoraba yo aún que el tiempo es oro—
cuánto tiempo perdí ¡ay! cuánto tiempo.
Y hoy que de amores ya no tengo tiempo,
amor de aquellos tiempos, cómo añoro
la dicha inicua de perder el tiempo.

Proust parece que le hizo caso a su madre cuando ésta le preguntaba cómo le había ido en tal parte y él contestaba con pocas palabras lo que había pasado y ella lo regañaba diciéndole: No, hijo, no vayas tan de prisa (N’allez pas trop vite!) Claro, para encontrar ese tiempo perdido se tardó más de una década, ocupó siete tomos y dos millones y medio de palabras para terminar su narración.

La persona que nos cuenta toda esa vida, sufría de asma y de otras cosas y por eso desarrolló una capacidad imaginativa que, en la obra está estructurada de la siguiente manera: primero nos da su versión “antes” de conocer cualquier cosa, imaginando cómo podría ser; luego, si tiene oportunidad de conocerlo (Venecia o el teatro con Fedra de Racine), escribía sobre el hecho, es decir, “durante” y, para concluir, después de cada cosa que conocía nos daba una versión, es decir, “después” con una reflexión sobre lo sucedido y su comparación con lo imaginado: antes, en y después.

Alain de Botton se pregunta por qué nos dedicamos con tanto ahínco a la infelicidad y por qué es un tema que traemos a flor de piel en cualquier reunión: “sentimos —dice de Botton—, un gran apego a la vida en cuanto nos damos cuenta de la inminencia de la muerte” y, por eso, sugiere que no es la vida en sí lo que hemos dejado de disfrutar si el fin no está a la vista, sino que, “lo que hemos dejado de apreciar es nuestra versión cotidiana de la vida... y, por eso, nuestras insatisfacciones son consecuencia de nuestra manera de vivir”, que es precisamente lo que tenemos que cambiar.

El título En busca del tiempo perdido no siempre le gustó a Proust, aunque sí apunta al tema central: “ponerse a buscar las causas que subyacen tras la disipación y la pérdida del tiempo” y nosotros recordando esos años cuando disfrutábamos de “la dicha inicua de perder el tiempo.”