De la suave a la ruda patria


INFOSEL, Crónica cultural del jueves 13 de septiembre, 2012.
El escritorio y la recámara del poeta donde soñaba con Fuensanta.    
En estos días de fiesta, visitar la casa donde vivió y murió el poeta Ramón López Velarde (Jerez, Zacatecas, 1888 - Ciudad de México, 1921), y volver a leer Suave Patria (1912) resulta ser una experiencia que la asocio con el nacimiento de México como nación independiente, tal como la estamos celebrando, pues vemos con los oídos cómo se imaginó esa patria denominada “Suave” en la imaginería del poeta que, para estos días, ha resultado ser más bien “Ruda” y que se antoja un día pueda volver a ser tal como la imaginó el poeta cuando empieza diciendo:

Yo que sólo canté de la exquisita
partitura del íntimo decoro,
alzo hoy la voz a la mitad del foro
a la manera del tenor que imita
la gutural modulación del bajo,
para cortar a la epopeya un gajo.

Así inicia esa puesta en escena donde el poeta desea subirse al escenario como tenor para imitar la voz del bajo profundo —como en la ópera—, antes de que salga de su ronco pecho algunos aspectos que nos conmueven desde hace casi un siglo, como era el paisaje de la patria que, a estas alturas de la vida, nos suenan más bien como inocentes propuestas de alguien que está lleno de nostalgia por el amor edípico hacia la “madre” Patria.

Visitar La casa del poeta como le llaman a ese hogar donde López Velarde vivió desde 1912 hasta que murió y que está en la calle de Álvaro Obregón 73, en la colonia Roma Sur en la ciudad de México, es una experiencia parecida a la de visitar un templo austero o humilde en donde vivió uno de esos creadores de imágenes y de historias hechas de palabras como versos musicales que riman y que descubren lo que está detrás, de lo secreto y de lo oculto.

Navegaré por las olas civiles
con remos que no pesan, porque van
como los brazos del correo Chuán
que remaba la Mancha con fusiles.

El correo Chuán o esos mensajeros que corrían día y noche para llevar mensajes en las antiguas civilizaciones, armados con fusiles que a veces podían usar como remos.

Cuando entramos a su recámara se impone el silencio y como una centella se nos viene encima aquello que escribió el poeta y que tan bien comprendemos en ese Lacónico grito:

Siempre que inicio un vuelo
por encima de todo,
un demonio sarcástico maúlla
y me devuelve al lodo.

Como si los dioses tuviesen envidia de aquellos que desea iniciar el vuelo y hacerlo por encima de todo y evitándolo nos regresan al mismo lodo.

Al fondo de su habitación está su cama y, al lado ese escritorio donde nos dan ganas de sentarnos y escribir nuestro agradecimiento antes de subirnos al escenario y recordar lo que vamos a decir:

Diré con una épica sordina:
la patria es impecable y diamantina.

Y volver a pensar en la madre Patria, suave como él le llama y que tantas ganas nos dan de poder cuidarla y hacer lo que sea para que los nietos escuchen esa música de selva:

Con que modelaste todo entero
al golpe cadencioso de las hachas,
entre risas y gritos de muchachas
y pájaros de oficio carpintero.

Por ahí está el espejo a través del cual veía al Jerez de la infancia donde escuchaba el canto de la alondra como el de la amante con la que había despertado esa mañana, para comulgar con el poeta y recordar aquello que le dijo a su verdadera madre:

Cuando me sobrevenga
el cansancio del fin,
me iré, como la grulla
del refrán, a mi pueblo,
a arrodillarme entre
las rosas de la Plaza,
los aros de los niños
y los flecos de seda de los tápalos.

Una experiencia que habla de su vida y una ocasión para ponernos en sus zapatos y extrañar, como él lo hacía, el olor a la naranja agria y reconocer que si un día regresamos que el húmedo corpiño de Genoveva, puesto a secar, ya no baila arriba del tejado.

Se antoja declamar Suave Patria como lo hace con su voz de tenor mi amigo Salvador Laborde para decir, sin que le tiemble la voz:

Patria: tu superficie es el maíz,
tus minas el palacio del Rey de Oros,
y tu cielo, las garzas en desliz
y el relámpago verde de los loros.

Y celebrar así este fin de semana la tan ansiada independencia.