sábado, 8 de septiembre de 2012

El amor como marca inamovible


EL INFORMADOR, Tertulia del sábado 8 de septiembre, 2012.
Jim Briadbent y Ruth Sheen la pareja inamovible de Toda una vida.
Las expectativas de Toda una vida eran diferentes. No sé qué era lo que esperábamos de esa película escrita y dirigida por Mike Leigh, quien había hecho Secretos y mentiras y que todavía recordamos a la madre inglesa y sus dos hijas, una de ellas abandonada al nacer, sin saber que había sido la hija de un marinero de color “negro”, como decía uno de esos que son políticamente incorrectos.

Las intenciones en esta nueva película son modestas y están implícitas en su título original: Another Year o Un año más, simple y llanamente y no como Toda una vida. Esta simpleza es en sí misma la belleza y su columna vertebral: un año más en la vida de una pareja que es “un marca inamovible que observa las tormentas y nunca se estremece” y que ilumina a esos que están perdidos en el mar.

Tom y Gerri (Jim Broadbent y Ruth Sheen), sin parodiar a la caricatura de “Tom y Jerry”, es una pareja de la tercera edad ejemplar: él es ingeniero geólogo “que perfora la tierra” y ella, psicóloga social para los desesperados. Los dos son una pareja que no hacen ni dicen nada extraordinario, que simplemente trabajan con sus manos una pequeña huerta cerca de Londres y es una pareja que se quiere bien, sin gestos heroicos ni ostentosos; una parajea que es parte de la clase media, como aquel personaje de Benedetti en La Tregua: carentes de espectacularidad pero que logran conmovernos por su fortaleza amorosa, consolidada gracias a una fórmula que queremos reconocer.

El amor se sostiene por tres patas: el cuidado, el respeto y la responsabilidad y, en este caso, por otras como las que vemos que hay en este amor que tiene los pies en la tierra, carece de ambiciones absurdas, mantiene el sentido del humor y se comprenden muy bien cómo ese cariño está presente en su vida cotidiana.

Por eso, en cada estación, vienen sus amigos o parientes para acercarse al fogón y recibir calor y una sencilla pero buena comida cocinada por Tom, así como la bebida suficiente para que sus sedientos invitados la satisfagan mientras comparten su vida y reciben una buena energía.

Cultivan su huerta con las manos y la cuidan como si fuese su vida: en el otoño, cosechan jitomates, hierbas de olores o finas y dos o tres calabazas que se llevan a su casa para compartirlas con Joe, su hijo y su novia, con Ken o la loquita de Mary o con el viudo hermano de Tom, que tanto lo necesitan después de los embrollos que han hecho de su vida (como nosotros), en donde sabemos que no han sabido leer el manual de la vida.

A ritmo lento y con diálogos en close-up conocemos a una pareja ejemplar que es como esos faros que iluminan siempre y sobretodo en medio de las tormentas.