El curioso incidente del perro a medianoche

INFOSEL, Crónica cultural del jueves 20 de septiembre, 2012.


El dramaturgo Simon Stephen y Mark Haddon, el autor.
¿Cómo creen que pueden ver el mundo y lo que les rodea aquellos que padecen el síndrome de Asperger? ¿Cómo se imaginan que pueden enfrentar la vida, con ese especie de autismo, combinado con una especial sabiduría en matemáticas y una memoria fotográfica, además de ser observadores en extremo y genéticamente incapaces de decir una mentira? ¿De qué manera podrían enfrentar el hecho de que la imagen de su padre haya caído por los suelos justo cuando descubren cosas que los dejan sin habla, como puede ser cuando su padre les ha mentido diciéndole que su madre había muerto mientras ocultaba las cartas que le mandaba a su hijo desde Londres, hasta que el susodicho las descubre arrinconadas en el closet? ¿Qué pensar de quien descubre al que había matado a Wellington, el French-poodle de su vecina, un perro insoportable, nerviosito y chiqueado, mascota de la señora Shears (una de las alegres comadres de Windsor o Copilco, para hacerlo más local)?

Este es el tema de la novela de Mark Haddon (1962-), escritor, ilustrador, pintor y profesor que trabajó algún tiempo con personas con deficiencias físicas y mentales, para luego escribir su primera novela en el 2003 como El curioso incidente del perro a media noche (tomado, según dice en el programa, de un comentario que hace el buen Sherlock Holmes en Silver Blaze de Sir Arthur Conan Doyle). En la novela, Christopher John Francis Boone sufre del síndrome de Asperger y habla en primera persona para contarnos todo lo que ha tenido que enfrentar para sobrevivir. Es la primera novela con la que su autor ganó varios premios y que ahora han hecho una obra de teatro con el mismo título, misma que van a transmitir en El Lunario (a un costado del Auditorio) el próximo martes 9 de octubre a las 20:00 horas desde el National Theater de Londres para que podamos disfrutar estas aventuras del joven Christopher, un extraño Holmes, que va descubriendo todo a pesar de todos los pesares, pues sabemos que por su enfermedad no comprende que significan las expresiones faciales y, con dificultad, entiende qué es eso de estar feliz o estar deprimido y que menos entiende de metáforas y de chistes o albures.

A Christopher sólo les gustan las cosas concretas, las cifras, es decir, el hard core de la vida. Es un joven que sueña que se mueren todos aquellos que no son como él y se despierta sin culpa alguna. Odia el amarillo y no puede soportar que, en el mismo plato donde le sirven la comida, se toquen dos diferentes alimentos: en ese instante deja de comer. El rojo es su preferido y por eso, si un día ve en la calle tres, cuatro o cinco coches seguidos con ese color, sabe que tendrá un día bueno, mejor o excelente, según el caso. Pero si son amarillos, ese día no come y deja de hablarle a la gente.

«Sé que puedo presentarme a la universidad para poder ser científico y lo sé porque fui capaz de ir a Londres yo sólo y porque resolví quién había matado a Wellington, así como, encontré a mi madre y fui valiente al escribir este libro. Por todo esto, creo que soy capaz de hacer cualquier cosa.»

Pero no vayamos tan de prisa pues cambiar de opinión para los que sufren ese síndrome toma su tiempo: ¿se pueden imaginar lo qué pensaba de su padre, después de haber descubierto que lo engeñó respecto a su madre? ¿Cómo volver a tenerle confianza?

Esto y más es lo podremos descubrir si vemos esta obra de teatro desde el mismo London Theater de Londres o si leemos la novela de Mark Haddon.