El elixir de amor que falta nos hace


INFOSEL, Crónica cultural del jueves 11 de octubre, 2012.
Ana Nebtrenko y Ambrosio Maestri en El elixir de amor de Donizetti.
Se trata del efecto placebo, es decir, de ese fenómeno psico-fisiológico en el que los síntomas del paciente mejoran con el tratamiento de una sustancia que no tiene efectos directos, como puede ser que tomen un poco de agua con azúcar o un poco de vino de Burdeos. Los expertos dicen que hay una parte situada en el cerebro que hace que el paciente reaccione como si hubiese recibido el medicamento que necesitaba, mejorando de inmediato y sin quejarse más de sus padecimientos.

Seguramente ya lo sabía Gaetano Donizetti (1797-1848) cuando se lanzó a componer una ópera cómica en un muy corto tiempo (algo así como dos semanas), para ser estrenada en el Teatro della Canobbiana de Milán en mayo de 1832 a la que le llamó El elixir de amor basada en un libreto que Felice Romani que lo adaptó del que había escrito Eugenio Scribe y que, a su vez, estaba inspirado en Il filtro de Silvio Malaperta, traducido al francés por el maestro Stendhal. Producto de esta cadena de plagios, copias y versiones, cada una de ellas con su propia perspectiva y enfoques parecidos en el humor como ese que se estila en la ópera de Donizetti que resultó ser la versión que ha sobrevivido, tal vez porque pasó por las manos de un experto que supo componer, entre otras cosas, una aria que es inolvidable y que seguro, alguna vez, la ha cantado en la regadera esa que empieza diciendo: una furtiva lágrima / que de sus ojos brotó / cuando parece que envidió / a las alegres jóvenes… cantada por el ingenuo Nemorino —en la octava escena del segundo acto—, después que ha bebido el elixir que le ha comprado al doctor Dulcamara que lo vende para que pueda así conquistar el corazón de Adina, la bella y rica terrateniente del pueblo.

Desesperado de no tener la respuesta de ella y creer que se burla de sus intentos, está seguro que con otra pócima más si que lo logrará. Sin un quinto, se entera que Adina ha anunciado su compromiso con el sargento Belcore. Entonces, Nemorino decidido se inscribe como soldado en el regimiento de su rival para ganar algo de dinero y poder comprar otra botella del elixir.

Mientras, las muchachas del pueblo se enteran que ha muerto el tío de Nemerino y que le ha heredado una fortuna a su sobrino. Por eso ellas lo festejan y lo rodean pues ya saben que es un buen partido, mientras que Nemerino cree ver en Adina que le sale una lágrima y se imagina que está llorando por envidia a las muchachas que lo rodean.

Una furtiva lágrima… es lo que cree haber visto en los ojos de Adina tal como ven los enamorados sólo lo que les conviene. Convencido de que no lo ama, porque cada quien entiende lo que quiere entender, se va estructurando el final (feliz) que ya podemos imaginarnos: el sargento los ve que se abrazan y decide abandonar a Adina, pues sabe que en este mundo… hay muchas otras mujeres de donde escoger.

El doctor Dulcamara se asoma por la ventana y, como buen vendedor de ilusiones, dice que esos dos se abrazan y se aman por los efectos del elixir. Con eso, las doncellas se arremolinan para comprar su botellita pues, bien sabemos que todos que, en un momento dado, necesitamos de una ilusión para lograr nuestros deseos. Tal vez por eso, al terminar la transmisión de esta ópera que pasan en vivo y en directo desde el MET de Nueva York este sábado 13 de octubre a las 12:00 horas en las pantallas del Auditorio Nacional de la ciudad de México, en las del Teatro Diana de Guadalajara; en las del Auditorio de Monterrey y del teatro Alcalá de Oaxaca, estamos haciendo cola para comprar otro elixir para ver si así somos amados por nuestra propia Adina.