viernes, 5 de octubre de 2012

El precio de la política


EL INFORMADOR, Tertulia del sábado 6 de octubre, 2012.

El Capitolio, Washington D.C.
Bob Woodward es aquel reportero que descubrió el escándalo de Watergate en 1971 que ahora ha publicado The Price of Politics, un libro que es el resultado de dieciocho meses de seguirle la pista al presidente Obama y a los más altos políticos del Congreso para saber qué es lo que han hecho para restaurar la economía de ese país y para mejorar la situación fiscales en los primeros tres años y medio de ese gobierno, recorriendo los pasillos del poder en Washington D.C., observando el “toma y daca” en el Congreso, en la Casa Blanca y en la Calle K, donde están los que cabildean.

De alguna manera, Woodward dice que Obama no ha podido hacer un gobierno exitoso, ni ha logrado resultados positivos y cree que se debe a la falta de tiempo para cabildear o a la falta de entusiasmo como el que mostraba hace cuatro años cuando ganó la Presidencia lleno de confianza y de proyectos por hacer.

Obama no le ha invertido tiempo para mejorar sus relaciones con el poder legislativo y eso —dice Woodward—, es una falla sustantiva en su liderazgo y una lección para los líderes del mundo que saben que esa es una función crítica para lograr, cuando se necesite, el apoyo necesario.

La pregunta es cuántos de estos líderes —y, más nos vale que pongamos las barbas a remojar—, son los que saben la importancia de esta actividad y están convencidos que ese es el liderazgo que necesitan ejercer para que, entre otras cosas, sepan que el Presidente “disfruta del juego” y sabe negociar con el Congreso. Los líderes que están dispuestos y disfrutan hacerlo, no les importa el tiempo que necesiten para lograr a la larga —que para los que están en el gobierno, es más bien a la corta—, mejores decisiones que les permitan alcanzar las metas propuestas.

Bill Clinton —dice Woodward— jugaba y le encantaba meterse con la gente del Congreso, recorrer esos pasillos, darse a conocer y hacerse presente con cada uno de ellos, sobre todo, cuando las decisiones estaban en un punto muerto y había que tronarles un cohete en la cola o lo que fuera, para salir de la mortal inercia política.

Hace falta que Obama haga un esfuerzo y muestre ahora que es Presidente —aunque tiene que volver al ring de los debates— y que disfruta lo que hace, que sabe meterse al juego y que no vuelva a estar con esa actitud como la del miércoles pasado: cabizbajo, cejijunto y bloqueado como si lo hubieran golpeado los de la real politik en lugar de entrar con ganas al juego, como el que ahora tiene que hacer simultáneamente entre gobernar y volver a competir por esos votos que nada tiene que ver con la planeación estratégica que hizo en la soledad de su oficina oval.