El juguete insensato de la muerte


INFOSEL, Crónica cultural del jueves 1 de noviembre del 2012.

Isabela y el duque de Viena como fraile visitan a su hermano Claudio.
El poder disfrazado de fraile visita a una de las víctimas de la llamada «estricta justicia» que quiere dejar de ser «un espantapájaros que se ha colocado en el campo sólo para espantar a las aves de rapiña, acostumbradas a verlo sin moverse para que vengan a posarse a descansar sobre su cabeza», tal como lo podemos leer en Medida por medida de Shakespeare. Ahora es Ángelo el gobernador sustituto de Viena quien ejerce su poder aplicando las leyes que ha desempolvado para hacerlas vigentes y aplicarlas con el rigor del caso. Se trata de lo que dijo Mateo en el «Sermón de la montaña»: con la misma medida con la que miden, serán medidos y, sin considerar este postulado, el gobernador sustituto condena a muerte al joven Claudio por haber fornicado con su prometida Julieta, que ha quedado embarazada, sin cumplir los compromisos de la promesa de boda a futuro. El Duque, disfrazado de fraile, visita a la víctima para convencerlo que acepte la muerte, en un discurso que no esperábamos diera un fraile y que viene a cuento por aquello del día de muertos que festejamos en México:

«Acepta la muerte porque entonces, tanto la vida como la muerte te serán más agradables. Razona esto que tiene que ver con la vida diciéndote a ti mismo: si yo la pierdo, pierdo una cosa de la cual solamente los necios hacen caso; soy un soplo sometido a todas las influencias de la atmósfera que infecta la morada en la que habitas; soy el juguete insensato de la muerte que procuro evadir y, sin embargo, no ceso de correr a su encuentro; no tengo nada de noble, porque todos los goces que recibo, provienen de los manantiales impuros; dices ser valiente y le temes a ese débil dardo del más mísero de los reptiles; tu descanso más dulce es el sueño y lo procuras todos los días y con todo, eres bastante estúpido para temer a la muerte, que no es más que un sueño.

»Tú no eres tú mismo, porque tu sustancia se compone de miles de elementos salidos del polvo; no tienes nada fijo, porque, semejante a la Luna, cambias sin cesar; si eres rico también eres pobre, porque, igual que el asno encorvado bajo el peso de las barras de metal, llevas la carga de tus riquezas durante un día de marcha y sólo la muerte te descarga; no tienes amigos, porque los hijos de tus entrañas, que te llaman padre, si los has engendrado, maldicen la gota, la fiebre y el catarro y el por qué no se van más pronto al otro mundo... Te has tomado una especie de siesta, porque todo el tiempo de tu dichosa juventud no es más que una vejez anticipada que mendiga el oro del viejo extravagante, y cuando seas viejo y rico, no tendrás calor, ni afecto, ni vigor, ni hermosura para hacer tu riqueza agradable. ¿Qué es esto que llamamos vida? En esta vida se descansan miles de millares de muertes y, sin embargo, le tememos a la muerte que es la única con la que se emparejan todas las cosas.»

Mañana se celebra ese rito como Orestes y Electra cuando le llevaron a su padre enterrado, algo de vino para que no le faltara en el Hades, antes de vengarse de Clitemnestra, su madre, quien junto con su amante Egisto, habían echo cachitos a Agamenón y a Casandra, la troyana recién llegados de la guerra de diez años.