miércoles, 14 de noviembre de 2012

FIL o cómo encontrar un tesoro en esa isla


INFOSEL, Crónica cultural del jueves 15 de noviembre, 2012.
Mascarón de proa en la Isla Negra, la casa de Pablo Neruda
En medio de la selva, rodeado de libros y de gente, se lanza uno en busca del tesoro que hay en esa isla llamada FIL-2012, donde podremos conocer las novedades literarias y otras obras de catálogo, en el centro mismo de la acción editorial como esa que se despliega del 24 de noviembre al 2 de diciembre en el WTC de Guadalajara.

De pronto, perdidos —con más de la mitad de nuestra vida, parafraseando a Dante y su Divina comedia—, tratamos de encontrar a Virgilio para que nos lleve de la mano por los círculos infernales hasta encontrar a Beatriz y que sea ella la que nos permita ver eso que nadie ha visto y a escuchar lo que nadie ha escuchado: el autor-actor subirá al escenario para hablar 50 minutos exactos.

Compiten, como lo hacen en el mercado sobre ruedas, con los mismos productos pero diferentes contenidos, cada uno tratando de convencer al público de que están por conocer lo mejor de la cosecha sembrado hace tiempo pero que se ha cosechado este año en los verdes campos de la escritura, sin mencionar que muchos de ellos se convierten en viejos papeles amarillos como el trigo, que con el tiempo nadie se acuerda de ellos aunque, de casualidad, se puede dar el milagro de que haya una lectora por ahí, también perdida en esta selva que nos dice ha vuelto a encontrar el placer de la lectura en esa vieja obra, sorprendida por su belleza, el ingenio y el sentido del humor que destila y que tan pocos habían descubierto.

Chile es el país invitado, un país en donde han nacido poetas y escritores de primera categoría en donde no puedo dejar de pensar en la vida y obra de Pablo Neruda, ni en su casa en la Isla Negra, esa que una vez conocimos entre sus objetos de arte, las conchas y los caracoles del mar, ahora perlas de lo que eran ojos, una que otra sirena y varios mascarones de proa. Ese día decidimos ver el atardecer como lo habría visto el poeta, el capitán de barco mientras redactaba sus veinte poemas de amor o, a lo mejor, la canción desesperada: Emerge tu recuerdo de la noche en que estoy. El río anuda al mar su lamento obstinado.

Y entre estos versos de amor desesperado y las novedades editoriales los autores van a subir al escenario una hora para celebrar su obra reciente, en medio de esa agitación sin fin, deseoso de dejar una huella más en la arena que rodea a toda esta isla.

Así, entre los laberintos y los pasillos de la FIL, a lo mejor encontramos ese «Gran Instructivo de la Vida» donde encontremos las respuestas a lo que no hemos entendiendo y, entre la marabunta, nos llevemos a casa lo que necesitamos saber: si la vida es corta, ¿por qué nos parece a veces que dura una eternidad? ¿Es el dolor lo que la hace interminable? ¿Es el amor la que la hace breve? ¿Dónde, dónde está la clave para entender todo esto?

Propongo que en la FIL haya un puesto con una Beatriz o un Virgilio que nos guie para encontrar eso que buscamos precisamente y nos diga dónde, entre los cuatro puntos cardinales, podremos encontrar esas respuestas de tal manera que podamos enderezar el rumbo del barco como si de esa manera hubiésemos encontrado el tesoro de la isla.

Homenaje a la vida con este acercamiento a los autores que caminan por esos laberintos hasta encontrar la salida, casi siempre acompañados por esa música que es el regocijo de los jóvenes que bien saben que los libros y la música hacen una buena pareja.