jueves, 8 de noviembre de 2012

Yo que puedo leer el futuro


INFOSEL, Crónica cultural del jueves 8 de noviembre, 2012.
Próspero en La tempestad, ópera de Thomas Adés producida por el MET.
Imagínese que un día usted le puede decir a su hija (suponiendo que se llama Miranda) mientras le explica esas cosas de la vida, que usted puede leer el futuro… De ser así, usted se parecería al duque de Milán que se había exiliado con su hija en una isla y no habría tenido la menor duda que todo lo que tuviera que hacer, después de esa especie de epifanía, cuando ese futuro —como sería en su caso en particular, conocer el comportamientos de las acciones o de los fondos de inversión— lo pudiera desenvolver como se desenvuelve un regalo para que vayan apareciendo los sucesos porvenir. Entonces, estoy seguro que los considerarían como magos que, con su varita mágica o su bastón de mando, ordenan y hacen todo lo que sea necesario para tener éxito en el futuro.

La facultad de conocer el futuro o de imaginarlo, nos permite planear las diferentes opciones, el plan A y el B, además de tener a la mano el qué pasaría si tal o cual cosa…, para estar listos en tal o cual asunto, y si las condiciones iniciales cambian podremos calcular el efecto mariposa desde ese papaloteo mayor de alguna de ellas por el Caribe, sabiendo que su efecto es un ciclón o una de esas tempestades tropicales como «Sandy». Por eso, siempre me pregunto: ¿dónde se puede aprender a leer el futuro? ¿En qué Universidad nos enseñan a interpretarlo? ¿Qué tendría que aprender para planear los cambios y estar bien armado frente al torbellino de situaciones y alternativas?

«La gente puede aceptar un cambio cuando tiene una necesidad, pero sólo reconoce la necesidad cuando se enfrenta a una crisis», escribió Jean Monnet (1888-1979) y no cabe duda que si libramos una crisis o un naufragio como el Titanic, seguro que hemos pisado fondo, aceptado las pérdidas —en muchos casos superfluas— y, estaremos agradecidos de haber sobrevivido para aceptar lo nuevo sobre todo, después de uno de esos eventos donde la Naturaleza demuestra su fuerza sin que podamos hacer absolutamente nada.

¡Qué gusto ir viendo de qué manera funciona lo que un día nos imaginamos! Por ejemplo, cuando Ferdinando, el príncipe de Nápoles acepta en uno de esos encuentros y amores a primera vista, a la pequeña Miranda para que los dos unidos se fortalezcan y puedan enfrentar el mundo que les espera, fusionando el ducado de Milán con el reino de Nápoles. 

Bueno, todo esto y más sucede en La tempestad escrita por Shakespeare en 1611 considerada la última de sus obras escritas en su totalidad por el dramaturgo y que ahora podremos ver en una nueva versión compuesta para una ópera por el joven inglés Thomas Adés (1971-), quien la compuso en 2004 por encargo de la London Opera House y que será transmitida este sábado 10 de noviembre a las 12:00 horas desde el MET de Nueva York en las pantallas del Auditorio de la ciudad de México y otros teatros de la República. El libreto es de Meredith Oakes (1946-) en una versión para cantarse y, aunque resulta fiel a la original, «vale por sí sola, tiene vida propia y crea su propia resonancia», como dicen sus productores.

Al envejecer nos damos cuenta —dice Próspero—, que las personas que nos rodean no son más que actores, «espíritus que de pronto se desvanecen en el aire, en la levedad del aire», y bien sabe que la vida es efímera como la visión que podemos tener de esas «torres que tocan las nubes, los palacios espléndidos, los templos solemnes, el inmenso globo y que todo lo que lo habita, se disolverá; como ocurre en esta vana ficción.»