La casa chica-no-muy-grande


EL INFORMADOR, Tertulia del sábado 8 de diciembre, 2012.
Mónica Lavín y su Casa chica recién publicada.
Francisco Martín Moreno publicó en el 2010 Arrebatos carnales o “las pasiones que consumieron a los protagonistas de la historia en México”, es decir, “la vida pasional de Porfirio Díaz, José Vasconcelos, Maximiliano y Carlota, Francisco Villa, Sor Juana o José María Morelos.”

A finales de este año, la editorial Planeta le publica a Mónica Lavín un libro en donde trata más o menos sobre este mismo tema, pero desde su propia perspectiva, para narrarnos las historias de algunos artistas, intelectuales y políticos que tuvieron su Casa chica, como es el título del libro, una casa-chica-no-tan-grande como la oficial, esa casa que siempre está “oculta de la vida pública” donde se llevan a cabo “las pasiones amorosas más emblemáticas del agitado siglo XX en México”, tal como Mónica las rescata y las reconstruye.

El epígrafe del libro es el noveno o décimo mandamiento que pesa tanto en la conciencia con aquello que ordenan: “no desearás a la mujer de tu prójimo” y que, según los expertos, se complementa con otro agregado en donde incluyen que “no codiciarás (tampoco) su casa, su campo, su siervo o sierva, su buey o su asno: nada que sea de tu prójimo”.

De esta manera tratan de negar los deseos “desordenados”, como aseguran los que saben, pues dicen que “el mal no comienza con los actos, sino que tiene su inicio en el corazón”, cosa que es todo lo contrario a lo que demostró Freud con eficacia, pues justo, cuando el hombre tolera sus fantasías, abundantes en toda clase de deseos y con eso, lo previene de llevar a la acción, al contrario de lo que sucede cuando reprimen sus deseos que los lleva a actuarlos y, por eso, se lanza a disfrutar del leonero o de la casa chica, como le llamen.

Mónica Lavín toma nota de lo que intuye, o se sabe o se ha dicho, sabiendo de antemano que “la casa chica no es solo la realidad paralela de una vida amorosa, (sino que) es también una metáfora acerca de la ambigüedad de la pasión” y cuando esa pasión se instala en el alma, sabemos que se destruye la voluntad y sólo deja dos de los tres elementos que la contienen: la memoria y el entendimiento, este último aturdido por los perjúmenes mujer, antes que se desplome por los suelos con todo y esa ligera estructura que la sostiene.

Son varias las casas chicas con todo y sus personajes los que trata y que estaban en Kepler 83; Dinamarca 42, Plaza Washington; 129 MacDougal Street, NYC; Durango y Salamanca; 732 Rodeo Drive, Beverly Hills, LA; Guanajuato 40-5, en la Roma; Campo Marte en París o Dulce Olivia en Coyoacán y todas son de esa época cuando tenerla era símbolo de poder y de gloria pues “se rinden ante la pasión y el poder de la intimidad”. 

Mónica escribe una obra ligera entre ficción y realidad, entre la tragedia y la comedia, ventilando esos secretos que las paredes oyen.