miércoles, 30 de enero de 2013

Crónica de un descubrimiento tardío


INFOSEL, Crónica cultural del jueves 31 de enero, 2013.
Los matemáticos en La escuela de Atenas de Rafel Sanzio, 1510.
Gracias a una investigación que inicié hace un par de semanas en donde construyo un mapa con los cursos de educación superior disponible en Internet, descubro un universo al que creo haber llegado un poco tarde pero, que me ha dejado con la boca abierta. Encontré lo que ofrece el MIT y que le llaman Open Course Ware, en donde han abierto sus puertas al mundo, ofreciendo cursos gratis en todas y cada una de las carreras que ofrecen en esa institución. Por otro lado, un amigo me hace saber de otras universidades del mundo que se han reunido en el portal Coursera donde ofrecen cientos de cursos también gratis. ‘Todo lo que usted quería saber, pero que no se atrevía a preguntar’ está disponible en estos cursos virtuales en donde creemos estar en clase, con el maestro al frente de sus pizarrones —como la clase que tomé de Introducción a las derivadas que ofrece el MIT, en donde llegamos a formular el área que hay entre los ejes (‘x’ e ‘y’) y la tangente de una hipérbola—, o cuando estamos al frente de las proyecciones como las que hizo la maestra de Química, también del MIT, cuando tomé una clase para recordar los viejos tiempos de mi otra vida que dura alrededor de los 50 minutos en donde asistimos y tomamos notas mientras vemos al profesor en un video al que podemos regresar para volver a ver cuantas veces se nos antoje.

No pude resistir la tentación y mientras incluía en mi mapeo lo que encontré en Coursera —aunque suene mal en español, como si los tacos sudados nos hubieran caído mal, digamos—, resultó impresionante la disponibilidad de 213 cursos gratuitos que ofrecen 33 universidades del mundo como son las que están inscritas en ese portal y que inician en una fecha dada, con una duración predeterminada. No pude resistir la tentación y me inscribí al curso de Introducción a la filosofía que ofrece la Universidad de Edimburgo, curso que empezó este lunes pasado.

Recibí varios correos, uno, confirmando mi suscripción y explicando los siete módulos, uno por cada semana, como los que empecé a tomar en una clase virtual de una hora. Habrá que dedicarle otra hora adicional para las lecturas que proponen. Con un segundo correo me quedé helado y tomé ese dato como el impacto que pueden tener estos cursos: resulta que somos 90 mil alumnos los que nos hemos inscrito. ¿Cómo es posible? —me pregunté—, ¿noventa mil personas en el mundo que se han inscrito para tomar el curso de Introducción a la Filosofía?

Esa es la importancia de este medio para mejorar la cultura y el conocimiento —si es que se tiene un cierto dominio del inglés— pues, desde la casa o el estudio podremos satisfacer el conocimientos de esas materias que no tuvimos tiempo de hacerlo antes, ahora, supongo que con buenos maestro para hacerlo a la hora que podamos y ¡sin costo alguno! Me cuesta trabajo creerlo.

Uno avanza una clase cada semana, y el curso completo dura siete semanas seguidas. Cada sesión es de una hora más o menos y, en todo caso, uno puede regresar a verla y tomar nota. Habrá que leer lo que nos sugiera el maestro en esto que, aparentemente, serían lecturas de una hora o poco más; habrá preguntas que contestar para recibir, al final, un comprobante de que hemos participado firmado por los maestros que nos dieron los siguientes temas: ¿qué es la filosofía?, ¿qué es lo que conocemos?, y, luego, cuestionar si las teorías científicas son ciertas, así como, conocer cómo es que funciona la mente, el cerebro y las computadoras; saber si la moralidad es algo objetivo, subjetivo o relativo, antes de ver si todo lo que oímos es cierto, para terminar con la ‘filosofía y la estructura de la realidad.’ ¿No es una maravilla?