miércoles, 2 de enero de 2013

El troyano y la reina de Cartago


INFOSEL, Crónica cultural del jueves 3 de enero, 2013.
«Dido, ufana entre los suyos, alentando las obras y el esplendor de su reino.»
¿Cuántas veces hemos pensado en esos hombres y mujeres que han tenido que huir de su casa, perdiendo todo, algunos dejando a su familia con tal de poder sobrevivir por causas naturales, como el temblor, o por los ejércitos invasores que llegan a imponer, robar y destruir lo que encuentran a su paso? La historia de Troya se repite y la huida de Eneas nos hace recordar otras en la historia: los judíos huyendo de los Nazis; los españoles de la dictadura de Franco, buscando refugio en México para llegar al puerto de Veracruz abandonando todo lo que tenían para empezar de nuevo o, en estos días, esos que huyen de Damasco o de Somalia, con tal de sobrevivir.

El troyano de Eneas logró sobrevivir a la destrucción de Troya y pudo escapar porque los dioses del Olimpo le habían asignado una tarea y él tenía que fundar una nueva ciudad que más tarde conocemos como Roma. Cuando abandona Troya en medio de las llamas y se embarca para llegar a su destino, éste hizo, como muchas veces, lo que quiso y la tormenta lo desvió para llegar al puerto de Cartago, navegando a ciegas errante por las olas, para terminar en el puerto de Cartago maravillado de la mole de edificios, antes chozas, así como de sus pórticos, del estrépito y del firme pavimento de sus calles en donde se pregunta: ¿qué región de la tierra no está llena de sufrimientos?» Mientras, vemos a Dido, la reina magnífica que «radiante de belleza se encamina hacia el templo entre un tropel de jóvenes que le hacen escolta… ahí va, ufana en medio de los suyos, alentando las obras y el esplendor futuro de su reino.

Los troyanos es una ópera de Héctor Berlioz basada en la Eneida de Virgilio que se estrenó en dos partes: primero, el tercer y quinto actos en 1863 y, el resto, diez años después de su muerte en 1879. Ahora podremos verla completa el sábado 5 de enero a partir de las 11:00 horas y con una duración de 5:40 horas, en la nueva versión del MET de NY transmitida en las pantallas del Auditorio Nacional.

La Eneida cuenta el fin de los troyanos una vez que aceptaron meter a la ciudad ese famoso caballo de madera en donde estaban agazapados unos griegos listos para abrir la puertas de la ciudad para robar, destruir, matar a los hombres y hacer esclavas a las mujeres, incluida la reina Hécuba y Casandra su hija que, desesperada, había advertido el peligro pero como no quiso acostarse con Apolo, éste la maldijo para que nadie le hiciera caso.

Hacía diez años, que el joven Paris había estado de visita en Esparta y ayudado por Afrodita, convenció o raptó a Helena, la esposa de Menelao, para que se viniera con él a Troya. Ese fue el rostro para que los griegos lanzaran mil barcos y quemaran las altas torres de Illium, como escribió Marlowe en Dr. Fausto, hasta que Troya fue saqueada y destruida.

En Cartago, Dido se enamora de Eneas antes que los dioses le adviertan y, una vez entregada en cuerpo y alma, sería abandonada pues Eneas huye de esa ciudad para cumplir con su destino: ¿qué sentirías, Dido, ahora que lo contemplas? ¿Qué gemido exhalaba tu pecho cuando de lo alto del alcázar columbrabas su hirviente trajinar por el haz de la orilla y percibías ensordecerse en ronco griterío a tu vista la lámpara del mar?

Es una historia de amor de Eneas y Dido que Héctor Berlioz nos narra a su manera como una tragedia que conmueve al ver el encanto de la reina de Cartago hasta antes que llegara el troyano hasta que decidió morir como no quisiéramos que hubiese sucedido.