viernes, 11 de enero de 2013

La utopía y la economía del trueque


EL INFORMADOR, Tertulia del sábado 12 de enero del 2013.
Mapa de Tzintzuntzan a Pátzcuaro, donde Tata Vasco fue obispo en el XV.
La manera que se le ocurrió al viejo Gonzalo, consejero del rey de Nápoles para minimizar la angustia de la crisis, es decir, del naufragio que sufrieron en La tempestad (Shakespeare, 1611), fue la de imaginar en voz alta, mientras caminaban sin ton ni son por la isla donde habían llegado aquello que se le ocurría y que era una utopía, como la de Tomás Moro (1478-1535), pues sabía que después de haber perdido todo, podrían salir fortalecidos. ¡Qué curioso! Eso mismo decía Obama en campaña.

Ahora, cuando vemos cómo se ha profundizado la crisis en España en donde hay millones de náufragos no podemos menos que intentar hacer algo parecido a lo que hizo Gonzalo para que ojalá les sirva de paliativo a la angustia que están sufriendo y para que tengan más ánimos de seguir luchando en contra del desahucio, la fatalidad del desempleo y la ruina. Al mismo tiempo conozco una idea, más práctica, para poder enfrentar este «mar de calamidades» tal como lo propone un chef gallego llamado Ansel Cambra.

En La tempestad, tanto Sebastián, hermano del rey, y Antonio, el culpable del exilio de Próspero y usurpador del ducado de Milán, se burlaban de todo lo que proponía Gonzalo como si estuviese loco: «en mi República dispondría todas las cosas al revés de cómo ahora se estilan… Todas las producciones de la Naturaleza serían en común…». Para los dos villanos esto le sonaba incongruente, pero eran las mismas ideas que trató de aplicar el obispo Vasco de Quiroga (1470-1565) desde Tzintzuntzan hasta Pátzcuaro en Michoacán y que, según Alfonso Reyes, «trajo hasta nosotros aquel sentido utópico que, a la sola aparición de América, se apoderó del pensamiento europeo; el que, con la masa de nuestra gente, comenzó a modelar un mundo mejor, bajo las inspiraciones de Tomás Moro y Juan Luis Vives».

¿Qué hacer frente a esa feroz tasa de desempleo como la que hay en estos tiempos en España, sabiendo que esa es una de las variables más contundentes para el modelo de la ‘economía de la felicidad’? ¿Por qué no inventar algunas salidas, en lugar de estarse quejando todo el tiempo?

De pronto aparece en Galicia el chef Cambra con una buena idea que las implementa en Internet —más práctico que utópico— en www.acabaconlacrisis.es, definida como ‘una cadena de favores’ en donde se aplica la economía del trueque: ahí escriben ‘lo que puedo hacer’ y proponen cambiarlo por ‘lo que necesito’ y de esta manera ‘se convierte en un punto de encuentro para la gestión directa entre particulares’, como lo anuncian al inicio.

Buena idea y así, el que es maestro podrá dar clases a cambio de lo que necesite; la que sabe tejer suéteres lo hace por comida o alojamiento; el que sabe cocinar o leer en voz alta lo hará a cambio de otra cosa y así sucesivamente se establece una mágica cadena del ‘yo que sé hacer esto, lo cambio por esto otro’ y todos se pueden sentir que están vivos, útiles, ocupados con la autoestima en alto.

En México sufrimos una crisis en los 80’s, padecimos la maldita inflación galopante y el desempleo. De manera intuitiva, aplicamos la economía del trueque y como editor de la revista La Plaza, intercambié anuncios de algunos restaurantes para comer felices de la vida y mantenernos vivos, como lo podrán hacer en España, para acabar-con-la-crisis y salir fortalecidos.