Post tenebras, lux y el miedo que nos turba


EL INFORMADOR, Tertulia del sábado 5 de enero, 2013.
En medio de las tinieblas y el miedo que nos invade...
Creíamos que era una historia en donde encontraríamos la luz (lux) después de las tinieblas (post tenebras); pensamos que sería una especie de recreación del universo donde pasábamos de la oscuridad, del horror y del miedo que nos provoca la violencia —enmudecidos—, como sucedía en la Edad Media por la ignorancia o ahora por la falta de valores, para que amaneciéramos con la luz del entendimiento y de la libertad como en el Renacimiento aquel que iluminó el camino para que, poco a poco desapareciera la tensión producto del inframundo doloroso y desatado, sin principio ni fin, y del miedo que algo pueda suceder por una violencia gratuita o por el accidente o por la furia de la naturaleza cuando llueve a cántaros y caen rayos y centellas y los animales —o los niños— se pueden morir si les cae un rayo.

Salimos de la función incómodos, como si no entendiéramos nada de lo que propone Carlos Reygadas, sin entender tampoco cómo mereció alguna mención en Cannes, hasta que, días después, nos dimos cuenta que seguíamos con el estómago fruncido, aterrados de haber visto con el cristal que usó el director para mostrarnos después de las tenebras como las que domina en cada escena —incongruente—, dejándonos sin cumplir la promesa de la luz que todo se ilumina, como cuando hay esperanza o reconocemos lo espiritual, lo poético o lo inocente. Nos tuvo casi dos horas inmersos, sin ton ni son, en una absurda serie de escenas tensas, violentas, inhumanas, brutales, enajenantes e irracionales.

Pensamos que se refería a la cita bíblica sobre la creación del Universo, para señorear en el día y en la noche, y para separar la luz de las tinieblas, que hubiera sido perfecta si dentro de ese caos no se da el abuso de poder, la sexualidad sin un gesto amoroso, la tensa, violenta y brutal vida que nos rodea, como si fuera la faceta inmunda del hombre en medio de los santos inocentes que todo el tiempo creemos peligran de muerte.

«No soy en absoluto naturalista (como se dice ahora) e ignoro por completo mediante qué resortes actúa el miedo en nosotros; pero desde luego es una extraña impresión; y dicen los médicos que no hay otra cosa que saque tanto de sus casillas a nuestro juicio. He visto en verdad, a muchas gentes volverse locas de miedo; y es cierto que en los más lucidos, mientras dura su acceso, engendra terribles turbaciones», así pensaba Michel de Montaigne (1533-1592) como lo escribió en sus Ensayos. Es el miedo que nos da en cada escena, miedo de que sea posible destruir la naturaleza por sus cojones, o destruir a la mujer o la perra porque no podemos controlar nuestros impulsos. Miedo y sus «terribles turbaciones.»

Tomamos un respiro para no pensar más en esas escenas y rechazamos todo con tal de protegernos del mal, como el que puede estar a nuestro lado, junto al mismo demonio que aparece en cualquier momento en forma de rayo o relámpago, como los que nos hacen temblar en la sala con un desbarrancado tono mayor amenazante.

El miedo nos hace ver las cosas de otra manera y esa es la esencia de este guión: el terror, la violencia, la frialdad de los asesinos y el miedo. Lo tenebroso y la promesa de la luz que no se cumple, hace que todas las escenas sean aterradoras.