Downton Abbey y el crack del 29


INFOSEL, Crónica cultural del jueves 7 de marzo, 2013.

Hoy inicia la tercera temporada de Downton Abbey la serie inglesa en la TV (Film & Arts, 19:00 horas) que narra la historia de la primera mitad del siglo XX en Inglaterra a través de una familia y de sus sirvientes, una muestra del profesionalismo y calidad en las artes escénicas de ese país que ha logrado atraer la atención de millones de personas en todo el mundo con sus repeticiones y maratones hasta el cansancio. Soy uno de esos millones atrapados en esta deliciosa telaraña que me ha permitido disfrutar la genialidad del escritor Julian Fellowes y la estructura de esta historia, dentro de la Historia que cuenta además con un reparto insuperable.

Son tan buenos estos actores que, desde entonces, no puedo separarlos de quien representan: Maggie Smith como la Condesa viuda de Grantham; Hugh Bonneville, es Robert Crawley, hijo de la condesa y casado con Cora (Elizabeth McGovern), una neoyorkina que aportó una buena dote en dólares constantes y sonantes con los que pudieron, por lo pronto, salvar su ‘Country House’ de Downton Abbey; todos los demás, Lady Mary (Michelle Dockery), la hija mayor del conde que, en el primero de estos capítulos, se va a casar con Matthew Crawley (Dan Stevens), heredero del condado; Mr. Carson (Jim Carter) el Mayordomo y John Bates (Brendan Coyle), el asistente del conde, condenado a cadena perpetua, recién casado con Anna Smith (Joanne Froggatt) la dama de Lady Mary, en fin, toda una familia y sus sirvientes que los conocemos tan bien y que cada vez que los vemos en otro programa o en otra película, nos preguntamos: ¿qué está haciendo Lady Grantham en El exótico Hotel Marigold o qué hace Lady Mary como la princesa Myagkaya en Ana Karenina?

Seguro que en esta tercera temporada vamos a sufrir de la tensión necesaria para mantener la atención del público ya sea con los personajes de arriba o con los de abajo —y no es albur—, pues más o menos tenemos una idea de la historia de ese país después de la Primera Guerra Mundial y ahora parece que seremos testigos del crack del 29 que fue el principio del fin de la aristocracia: ‘nos parecía por la forma de vida que llevaban, que Downton Abbey duraría mil años. Pero resulta no va a ser así’ —y se nos frunce el estómago cuando leemos esto de sus promotores.

La vida en Downton Abbey empezó en 1912 y, a partir de entonces, hemos conocido los avatares del condado y de sus sirvientes que tanto nos ha recordado aquella otra serie de los 60’s: Upstairs, Downstairs, espejo de la historia que se trató de la Inglaterra alrededor de 1936, a través de los habitantes del 165 de Eaton Place en Londres, con Richard Bellamy (David Langton) como la cabeza de la familia y por eso, habitante de los pisos de arriba y Hudson (Gordon Jackson), el Butler, que encabeza al personal de abajo.

El condado de Grantham se origina en 1772 y tal vez por eso vemos los salones, la biblioteca y las habitaciones con sus ventanas que dan al parque y nos imaginamos esa vida que llevaban al tiempo que vemos a los habitantes de abajo, como espejo de sus patrones aunque más rígidos cada quien en su rango.

La tensión se hace presente y vaya usted a saber lo que veremos en la tercera temporada pero, seguramente, seremos testigos de la desintegración de la familia y de sus propiedades. Pero, en medio de todo eso, vamos a disfrutar de lo que pudo haber pasado a principios del siglo XX para observar la democratización de los valores, hábitos y costumbres, así como, a los jóvenes que buscan nuevas oportunidades y retos, sin que, por eso, dejemos de sufrir por cosas del amor y sufrir la angustia que produce el cambio.

El hecho de que seamos unos espectadores que conocemos los secretos de la familia —y ellos tarden en descubrirlos—, hace que nos sintamos como los dioses del Olimpo y que por eso, junto con el guión, la actuación y la ambientación, nos guste tanto.