La maldita primavera

EL INFORMADOR, Tertulia del sábado 23 de marzo, 2013.
La jacaranda vestida de morado cubriendo la terraza.

A la memoria de la tía Susana (1926-2013).

Hace años que se ha puesto de moda ver la cara oscura de las cosas. Tal vez por eso, Yuri cantaba esta canción en donde se quejaba de la primavera pues entre el vino blanco, la noche y unas viejas canciones se reía de mí la dulce embustera, la maldita primavera, como nos puede pasar, sobre todo, si cuando despertarnos nos damos cuenta que se ha ido y sentimos el vacío, pues, aunque uno no quiera y, como si fuera la sombra de Tanatos, nos hace señas: ‘sí, está bien —le contestamos—, todos vamos a morir, pero no empujen’ —como decía Alex Saldivar.

En la otra cara de la misma moneda habita Eros ahora, como cada año, en esas copas de las jacarandas azul plumbago o morado clarito como las que surgen por todos lados, como la vieja jacaranda, tan querida, que cubre la terraza en Tlalpan o como las otras más jóvenes, esas que vemos cuando subimos al segundo piso a lo lejos, entre las casas, como si el pintor las hubiera puesto en su tela para contrastar con el negro pavimento.

Ellas nos anuncian —tanto en la ciudad de México, como en Guadalajara— que ha llegado la primavera aunque este año llegó en medio de un extraño frío, como si el envidioso invierno no quisiera soltarla, aunque no tiene nada que ver con ese otro frío y nieve que cae ahora mismo por el rumbo de Nueva York donde también llega y es bendita, como lo sabían los habitantes del Peloponeso, que la reconocían en sus campos floridos como si fura Helena, la misma que había sido raptado por Paris para llevarla a Troya.

Por otro lado nos cae encima eso que decía Nezahualcóyotl en uno de sus poemas que tanto nos enternece y que está grabado en una piedra a la entrada de la Sala con su nombre, donde escuchamos música y cantos:

Por fin comprende mi corazón:
escucho un canto,
contemplo una flor;
¡ojalá no se marchiten!

¡Ojalá! Pero al tiempo que agradecemos ver estas flores efímeras que adornan y tupen las copas de los árboles que estuvieron desnudas durante el invierno, para dejar pasar los rayos del sol y que calienten el espacio que cubren, ahora se han vestido de lujo renovándose para señalar con gracia cómo es que unos se van, otros llegan y otros más nos quedamos con la boca abierta disfrutando de este fenómeno, sin hacer otra cosa que aceptar que somos parte de la vida tan bien engarzada desde siempre.

Nos preguntamos si volverá la maldita primavera con todo lo que trae consigo para decirnos cuando despliega su fuerza que mantiene al agua borboteando, a los ríos revoloteando corriente abajo hasta el mar con sus altas y bajas de la marea mientras la luna, que no puede perderse por un momento los sucesos, aparece al anochecer antes de cruzar los cielos y enterarse de todo arreglando su pálido rostro donde las estrellas han dejado caer diamantes como su adorno antes que llegue el día.

Siento el vacío de ti y me desespera, canta Yuri y nos damos cuenta de esta dualidad que deseamos agarrarla por los cuernos mientras podamos hacerlo cuando llega la primavera con toda su fuerza para que todo vuelva a empezar dándole de vueltas, una vez más a la rueda de la Fortuna.