¿Debería compararte a un día de verano?


INFOSEL, Crónica cultural, jueves 11 de abril, 2013.
Ciclo de cine Shakespeare en el Teatro Casa de la Paz.
‘De todos los meses, abril es el más cruel: engendra lilas en la tierra muerta, mezcla la memoria con el deseo y las insensibles raíces con las lluvias de primavera…’, dice T.S. Eliot en La tierra baldía. Por otro lado, sabemos que todos los que nacieron este mes fueron concebidos en el mes de julio pasado, tal como sucedió con William Shakespeare cuando John, su padre, dejó de hacer sus guantes como los que fabricaba en su casa de la calle de Henley en Stratford-upon-Avon, para irse al campo con Mary Arden, su esposa y disfrutar de esos días de Sol que tantas ganas dan de desnudarse por la ribera o en el campo para tirarse con los brazos abiertos y la camisa al aire para disfrutar ese estación cuando los días son más largos de los que tenemos en estas latitudes. Nueve meses después, el 23 de abril de 1564 nació ‘William, hijo de John Shakespeare’ y, aunque no existe una mayor certeza, este día se celebra su nacimiento. Era el tercero de ocho hijos.

Tiempo después usaba la metáfora del verano en uno de su Sonetos amorosos: ¿Debería compararte a un día de verano? Tú eres más hermoso y apacible; los rudos vientos de mayo desgarran los tiernos capullos y la renta del verano vence demasiado pronto. Algunos días brilla el ardiente ojo celeste y, en seguida, oculta su dorado semblante y la belleza de su belleza declina por azar o por el desordenado curso de la naturaleza.

Poco se conoce de su vida, pero ahí está su producción compuesta de treinta y siete obras de teatro de todo tipo: históricas, romanas, trágicas, comedias, tragicomedias, obras problema en donde explora todo lo que está detrás de eso que observamos o de lo que escondemos, más bien, como cuando habla del amor desde varios puntos de vista o de la venganza o del poder bien heredado o por pura ambición; habla de la enfermedad de los celos y del odio que perdura por generaciones, tantas, que ya ni saben cuál fue el verdadero origen; y se va al trasfondo de las guerras civiles, de las derrotas y de las victorias, de los héroes y de sus villanos.

Todo esto adornado de tal manera que nos quedamos con la boca abierta agradeciendo que ese abril haya nacido un hombre que tuvo la capacidad de imaginar y poner en escena para que todavía 450 años después se lean en voz alta sus poemas líricos como La violación de Lucrecia al que recurrimos dolidos por lo que sufrió esta mujer y deseando que su marido y Bruto su padre, persigan y acaben con el príncipe Tarquino, el violador de su hija y, de pasada, acaben con la monarquía e inicie la República Romana.

Dicen que vivía al mil porciento —siempre con las antenas puestas, listo para lo que sea, pues bien sabía que the readiness is all, como lo escuchamos de Hamlet. Registraba todo desde que nació, sí, todo lo que olía, tocaba, gustaba o escuchaba para guardarlo en su disco duro al que tenía acceso inmediato cuando se ponía a escribir sin parar.

Estos meses se celebran otros cumpleaños producto de las vacaciones de verano como el del Bardo que nos refiere a eso que tiene que ver con la ‘razón de ser’. Vivió cincuenta y dos años que, en esa época, era más de lo esperado. Tal vez por eso, Julieta con sus catorce años estaba lista para casarse con Romeo y esperaba con ansias hacer el amor cuando sabía que ya era dueña del palacio del amor y aún no lo poseo. He sido vendida y aún no me gozan, como decía desde su balcón mientras espera noticias de su Nodriza.

Celebrar es recordar y si recordamos existimos, por eso, nos sentamos toda una tarde para recorrer esos rincones de la vida y obra de este amable poeta, para imaginar dónde anduvo este hombre que era ‘todo y nada’ (Everything & Nothing) como sugería Borges.