viernes, 12 de abril de 2013

Fragmentos de sensaciones e ideas


EL INFORMADOR, Tertulia del sábado 13 de abril, 2013.
Rotonda de los Jaliscienses Ilustres en Guadalajara, Jalisco.
La memoria, según David Hartley, ‘es la facultad que tenemos para recurrir a ciertos fragmentos de sensaciones e ideas que pueden ser recordadas, en el mismo orden y proporción y de una manera más o menos precisa, tal como sucedieron…’, y de esta manera recurro a esos fragmentos desde que Carlos Álvarez de la Peña me ha invitado para participar en la celebración de los primeros 50 años de la primera generación del ITESO (1963). Salgo rumbo a esa ciudad y se agolpan algunas sensaciones antes de volver a ver a los que estuvimos en el aula de aquel primer piso del edificio de la calle Independencia, sobre los portales y a un costado de la glorieta de los Jaliscienses Ilustres.

Tengo copia del manuscrito donde escribieron lo siguiente: ‘Los que suscriben la presente hacen constar que, de acuerdo con lo convenido, hoy 18 de julio de 1963 a las 19 horas en este local, fungieron como jurado en el Examen Profesional que presentó el Sr. Martín Luis Casillas de Alba, después de haber cursado y aprobado en la Escuela de Ciencias Químicas del ITESO…’ Firman: I.Q. Enrique Williams, I. Q. Guillermo Pérez Vargas e I.Q. Rogelio Castiello. Resulta que fui el primero del ITESO que me gradué y ese manuscrito fue el que llevé a la Universidad de Freiburg, iBr., para estudiar matemáticas aplicadas. ¡Qué maravilla! Un manuscrito que da fe de algo que nadie duda.

Éramos tres estudiantes de la primera generación en Ingeniería Química —el resto eran de Ingeniería y Administración de Negocios— y al año siguiente íbamos a una casita en la calle Santa Mónica con Garibaldi, donde estaba el laboratorio y una maestra que iluminaba el patio con su belleza. La modestia de la infraestructura, la atención de los maestros que era personalizada y la cercanía con mi casa en López Cotilla casi esquina con Tolsa fueron ventajas que aproveché al máximo. Iba y venía en la Vespa de la casa al ITESO en cinco minutos.

Fragmentos de algunos maestros: ‘el Barbitas’ genial que ya daba clases en el Instituto Ciencias, mantenía sus secretos —amorosos— desde que había estado en París. Con él hice una buena conexión y terminé estudiando en Alemania matemáticas aplicadas. Guillermo Pérez Vargas feliz de ser maestro y poder transmitirnos todo lo que sabía; Rogelio Castiello que además de maestro fue el primero en mi vida que medio chamba, no sé ni cómo; imposible no acordarme de aquel maestro de dibujo con su overol de mezclilla y sus lápices asomando en la bolsa superior. Sabio y modesto maestro que lo primero que nos enseñó fue ‘a borrar’, cosa que, metafóricamente hablando, me ha servido para deshacer algunos entuertos. El de física trataba de explicar la ‘fuerza inercial’ y mejor nos mandó a subirnos a un camión para experimentar esa fuerza para no caerse cuando frenan.

Y así, me quedo un rato más antes de llegar a Guadalajara, dándole de vueltas a otros fragmentos que tiene que ver con esa época, por ejemplo, cuando íbamos a estudiar las tardes enteras en la biblioteca de la casa de José Luis Arriola allá en Chapalita —diseñada por Luis Barragán, ahora destruida—, donde entendí la estética de la arquitectura, el amor a los libros y a la música que en verdad ha sido inolvidable: ahí nació el amor que le tengo todo eso.

¿Cómo olvidarlo?