jueves, 25 de abril de 2013

Julio César y Cleopatra en Egipto


EL INFORMADOR, Tertulia del sábado 27 de abril, 2013.
Natalie Dessay como Cleopatra en Julio César en Egipto de Händel desde el MET.
En una de las escenas, la mezzo Natalie Desaay aparece en el escenario meditando alrededor de su situación pidiéndole a Julio César ausente, que tenga piedad de ella, si no, va a morir. Es una de las tantas arias que son como una joya del siglo XVIII y nos ponemos felizmente nerviosos por el vestido blanco de lino egipcio transparente que usa Cleopatra para mostrarnos generosamente sus pechos, meditabunda, caminando entre unas columnas dóricas y, al fondo, hacia un gran ventanal el paisaje del desierto cobrizo y dos pirámides de aquel que fue, en su momento, el imperio del medio oriente. Ella con toda calma repite y nos confiesa sus sentimientos: si no tienes piedad de mí, voy a morir.

¿Quién no conoce la leyenda del encuentro entre el poderoso César y la joven Cleopatra allá en Alejandría, cuando llegó a su palacio cargada por Apollodoro, uno de sus esclavos, envuelta en una alfombra para ofrecerse de cuerpo entero al general romano en el año 48 a.C.?

Julio César en Egipto es la ópera que hoy, a las 11:00 de la mañana se podrá ver en el Teatro Diana de Guadalajara junto con otros tres millones de espectadores en el mundo. Es una ópera compuesta por Händel, estrenada en 1724 en Londres. Con ésta ópera, termina la temporada 2012-13 de las transmisiones en vivo y en directo del MET de Nueva York.

Es una ópera en donde hay cuatro trompetas, flauta dulce, flauta travesera y las voces partidas del fagot —como dice András Batta en Ópera—, y dicen que es la partitura más rica de la obra de Händel (1685-1759) y por eso bien vale la pena aunque sabemos que dura las cuatro horas y media donde tenemos tiempo de disfrutar la voz y la actuación de Natalie Dessay la pequeña-enorme mezzo soprano en el papel de Cleopatra (69-30 a.C.) la egipcia, una mujer que logra seducir al poderoso general cuando apenas tenía 18 años de edad. Nunca lo olvidó, ni aún cuando años después fue la amante de Marco Antonio, ni cuando éste le reclama su frialdad y le cuenta que cuando te encontré, eras un plato frío en la bandeja del difunto César. Eras las sobras de Pompeyo, para no hablar de las horas ardientes que la memoria de la gente acostumbra ignorar y que tu lujuria bien que conoció. Estoy seguro, que aunque imagines lo que es la continencia, no sabes lo que es en realidad.

Era una mujer deslumbrante porque si otras mujeres sacian los apetitos que despiertan, ella da más hambre cuanto más satisface. Incluso lo más vil se vuelve puro en ella, tanto que hasta los sacerdotes bendicen el ardor de su lujuria. Con razón el General no pudo resistir sus encantos, su atrevimiento y el contraste entre las mujeres romanas y esa morena aceitunada.

Cleopatra parece que era más astuta de lo que el hombre podía pensar. Pero no todos estaban de acuerdo en esto y la defendían diciendo que sus pasiones están hechas con la parte más fina del amor. No podemos llamar vientos y lluvias a sus suspiros y lágrimas: son huracanes y tempestades más fuertes que los que aparecen en los almanaques, por eso, no puede ser todo esto por su astucia y si lo fuese, sería capaz de provocar tormentas como las que puede hacer Júpiter. La ópera Julio César en Egipto debería ser mejor Cleopatra, la reina de Egipto.