miércoles, 22 de mayo de 2013

Conversaciones con tres cuartetos

INFOSEL, Crónica cultural del jueves 23 de mayo, 2013.
Como en el Cuarteto de Alejandría, conversando a la orilla del mar.
Ahora he aprovechado las conversaciones que se han dado de manera simultánea: por un lado, la película Quartet, que espero siga en cartelera, producida y dirigida por Dustin Hoffman una deliciosa comedia sobre la vida en un asilo para músicos donde van a celebrar el aniversario de Giuseppe Verdi (1813-1901) con una fiesta de gala para conseguir fondos. La parte estelar de esa gala es el cuarteto de Rigoletto que deberían cantar Maggie Smith, Pauline Collins, Tom Courtenay y Bill Connolly. Sobre esto gira la comedia donde vemos algunos de los problemas de la senectud con ese humor tan inglés, en una Country House inglesa que se nos cae la baba. Casi el paraíso.

Otra conversación tiene que ver con el Cuarteto de Alejandría de Lawrence Durrell (1912-1990): cuatro novelas publicadas entre 1957 y 1960 que hemos releído y sigue vigente. Cuatro versiones sobre una misma época y personajes, vistos desde cuatro puntos de vista diferentes como los de Justine, Balthazar, Clea y Mountolive y, por último, esa conversación íntima como en la que participamos el domingo pasado en la Sala Nezahualcóyotl con el Miami String Quartet y la interpretación del Cuarteto de cuerdas no. 6 en fa menor, Op. 80 de Félix Mendelssohn, su última obra compuesta en 1847 entre el mes de mayo, cuando se entera de la muerte de su adorada hermana Fanny y el mes de noviembre, cuando, después de dos infartos, también muere él. Imaginé que ese Cuarteto se refería a una de esas conversaciones que produce ‘los más fructuosos y naturales ejercicios de nuestro espíritu’ —como decía Michel de Montaigne en el Arte de platicar—, pues, me dio la impresión de tener una conversación con un alma fuerte que nos puede ‘emocionar a derecha e izquierda, en donde, sus ideas provocan que surjan las mías’ y de esta manera nos comunicamos con estas tres obras: una cinematográfica, otra literaria y la última musical.

El Cuarteto de Alejandría lo escribió Durrell en la isla de Corfú, en donde se había refugiado ‘con algunos libros y la niña, la hija de Melissa’, para desde ahí tratar de comprender todo lo que vivió en esa Alejandría donde se arremolina el polvo y es ‘el más grande lagar del amor’, como decía Nessim, el del labio leporino, enamorado de su cuñada, la excéntrica Justine. Así va construyendo, piedra por piedra esa ciudad ‘como una de esas provincias melancólicas que el viejo Cavafis veía llenas de ruinas sombrías’ además de aceptar eso que bien sabemos cuando se trata de los demás: lo fácil que es criticar.

En la comedia Cuarteto vemos de pasada, a otro cuarteto de cuerdas tocando en medio del bosque, como si fuera un cuento de hadas, por el placer de hacerlo mientras, otros, luchan contra su egocentrismo como esas divas venidas a menos, pero todavía divas, hasta que se dan una segunda oportunidad para vivir en paz.

De esta manera atamos cabos y unimos las tramas ‘por medio del arte, para lograr una feliz transacción con todo lo que nos hiere o vence en la vida cotidiana, no para escapar al destino, como trata de hacerlo el hombre ordinario, sino para cumplirlo en todas sus posibilidades: las imaginarias’ —como decía Durrell allá en Corfú.


En la conversación con Mendelssohn, a quien le debemos el redescubrimiento de la obra de Bach, está presente su angustia y su dolor por la muerte de su hermana Fanny, hasta que ‘vemos con los oídos’ cómo es que lo expresa en cada movimiento para pasar de un Allegro vivace assai y los recuerdos de su infancia, al Allegro assai y el Adagio, para cerrar, como un Réquiem, con un Allegro molto donde se queda con lo mejor de Fanny en el fondo de  su alma.