viernes, 7 de junio de 2013

Pulir las joyas de Guadalajara

EL INFORMADOR, Tertulia del sábado 8 de junio, 2013.
El hallazgo arqueológico en Santa Mónica y las piedras labradas en 1733.
Nada mejor que reconocer a la gente que, de manera desinteresada, se dedica en cuerpo y alma a la restauración del patrimonio de la sociedad —esté o no registrado en el catálogo de la UNESCO—, por eso, el esfuerzo que hicieron por más de siete años María Irma Iturbide Robles a través de Adopte una Obra de Arte Jalisco, junto con el Conaculta, lograron que se llevara a cabo la restauración de la fachada del Templo de Santa Mónica en el corazón de Guadalajara además de hacer un rescate arqueológico de unas piedras labradas como lo diseñaron en el XVIII.

Mujeres como María Irma Iturbide, Lorenza Dipp, la querida Beatriz Yáñez quien heredó el amor por Guadalajara de sus padres don Agustín y doña Olivia, una mujer inolvidable cuyo rostro sirvió de modelo a Joaquín Arias para hacer la escultura de la Diana, así como, Ana Rosa Villaseñor de Urrea, Gloria Martínez de González Gortázar, Pinky Corvera de Charpenel, Yolanda Cevallos de Albarrán y Maria Luisa Salinas, entre otras que además, hace años, consiguieron fondos para restaurar la Estación de Ferrocarril de Chapala que es una muestra de la escuela de arquitectura de Chicago diseñada por Guillermo de Alba.

Bueno, pues desde hace siete años estas mujeres decidieron que valía la pena restaurar la fachada del templo de Santa Mónica donde ‘lo mas importante del todo el proceso —como nos dijo María—, fue el hallazgo arqueológico de las esculturas de piedra que estaban dentro de la fachada, cubiertas con un muro de cantera.’

A instancias de los jesuitas se terminó de construir el templo en 1733 que está considerado como ejemplo del ‘barroco salomónico’, porque tiene unas columnas helicoidales en la fachada que da al oriente y que es la más elaborada con nueve cuerpos verticales y siete contrafuertes, para formar un conjunto decorado con formas de plantas o fitomorfas.

Justo ahí fue donde encontraron esos labrados en piedra tal como los había originalmente ahora recubiertos por unas losas de cantera rellenas de arena en donde encontraron otros objetos: ‘medallas, monedas, crucifijos, estatuas, utensilios de barro y una caja con piezas de mucho valor arqueológico que actualmente están en restauración. Dentro del templo también se encontraron indicios de varias pinturas murales hechas unas sobre las otras.’

Un logro que bien vale la pena celebrar porque es una muestra de cómo la sociedad civil y el gobierno pueden hacer esfuerzos conjuntos para pulir esas joyas de Guadalajara y cuidar del patrimonio con amor, como el que se le puede tener a los tesoros del Centro Histórico que, por desgracia poco a poco lo han abandonado y, si nadie hace algo, podrá caer en manos del lumpen, como sucedió en 1950 en la ciudad de México cuando la UNAM abandonó el Centro para irse al Pedregal de San Ángel.

Encontré una anécdota deliciosa alrededor del Templo de Santa Mónica en donde hay un San Cristóbal, mismas que copio, a lo mejor ya las conocían ustedes, pero son muy chistosas: dicen que las solteras le rezan: ‘San Cristobalazo, patazas grandazas, manazas fierazas, ¿cuando me casas?’ y las que ya no aguantan a sus maridos van y le suplican ‘Cristobalito, patitas chiquitas, manitas bonitas, ¿cuando me lo quitas?’


¡Hay señor! ¿No les digo? En esta vida nadie sabe para quien trabaja y aquí San Cristobalón jala agua para su molino desde su rincón en el templo de Santa Mónica.