Armonía y belleza del Partenón

INFOSEL, Crónica cultural del jueves 25 de julio, 2013.
El Partenón, una obra perfecta y parteaguas de la arquitectura Occidental.
‘Se detuvo a mirar la tierra cubierta de verdor, la huerta, los árboles, el terreno elevado que permitía la vista del puerto plateado de El Pireo, la Acrópolis cubierta con nuevos templos y la misma Atenas que se alzaba blanca y rosada bajo las primeras luces del crepúsculo sobre sus colinas’, como escribió Taylor Cadwell (seudónimo de Janet Miriam Holland, 1900-1985) en Gloria y esplendor y esa descripción mucho se parece a la que tuvimos desde el roof garden del Hotel Grand Bretagne en la Plaza de la Constitución de Atenas hace años: a lo lejos la colina del Acrópolis y el iluminado Partenón como una joya que resplandecía y nosotros hipnotizados sin poder quitarle la vista a esa obra perfecta que habla del origen de todo lo que conocemos a la fecha y que es, para la arquitectura, lo que los Diálogos de Platón son para la cultura de Occidente, como si la simetría, la escala y la escenografía, correspondieran a la vez a la estructura de ese monumento como a los diálogos.

Cuando uno sube en procesión por la Acrópolis hasta dar vuelta, no nos queda mucho espacio —por lo menos, eso recuerdo— para ver la fachada del Partenón que de pronto está ahí como si viéramos a un gigante con sus ocho patas dóricas al frente que apuntan al cielo para guardar en su seno la escultura dorada de Atenea —la hija de Zeus y Metis, la diosa guerrera con casco, lanza y égida (o escudo) que ayudó a Ulises para que regresara a su pueblo después del robo y destrucción de Troya, esa otra ciudad con sus murallas tan altas como la Acrópolis.

Nos dicen que fue Iktinos, Kallikrates y el escultor Fidias los que diseñaron y construyeron el Partenón en la época de Pericles (495 - 429 a.C.), poco antes de que Grecia cayera en desgracia y los espartanos destruyeran, después de varios años de guerra, poco después que Pericles muriera de la peste tifoidea, que azoló a la Atenas amurallada.

Es un proyecto que, como comenta Alexandros Apostolakis, el curador de la exposición, tuvo que ver la astronomía, la filosofía, la física y las matemáticas y que ahora podemos disfrutar con la exposición Partenón, arquitectura y su arte en el Museo de Arquitectura del Palacio de Bellas Artes con algunas fotografías de gran formato en donde volvemos a regodearnos de esta obra que demuestra que ‘la perfección y la armonía no pueden alcanzarse con una sola disciplina’. Ahí mismo los neófitos encontramos un nuevo vocabulario: peristilo, pronaos, arquitrabe, opistodomo, metopas, estilóbato, naos y friso.

‘El viento marino era cálido y puro como la seda, y tan fresco como el lino lavado al sol… Atenas es un lugar feliz —dijo Zenón de Elea— así como lo será en el futuro. Gozo y belleza, pasión y delicia, color y transparencia, la resonancia absoluta de la mente y el espíritu… he tenido mis visiones’—decía este filósofo, bajo la pluma de Cadwell.


A un costado del Partenón está el Teatro de Dionisio y ahí recordamos a la Hécuba de Eurípides, esa reina de Troya que se despierta para observar mientras camina con su corbo báculo, todo lo que fueron capaces de destruir los griegos. Una obra en donde el autor tuvo el valor de escribirla después de que ellos mismos, en su afán de integrar a todas la islas a la Liga de Delos en donde se acabó la democracia y surge la tiranía después de destruir y matar a todos los hombres de la isla de Melos, esclavizando a sus mujeres y niños mientras que Eurípides puso esta obra en escena con la reina troyana. 

En fin, esto demuestra que a veces el mal y el caos se oculta detrás de la belleza y la armonía.