Entre la civilización y la barbarie

EL INFORMADOR, Tertulia del sábado 6 de julio, 2013.
El ecocidio en la presa Hurtado: 500 mil toneladas de peces muertos. 
Cuando uno se entera del abuso sin consideración alguna por el daño que pueden hacer a la Naturaleza o al prójimo y los efectos resultan ser de una dimensión casi bíblica —como nos hemos informado del ecocidio en la presa Hurtado en Jalisco durante esta semana— y cómo es que dos personas permitieron que se derramaran toneladas de melaza a esa presa para acabar así con más de 500 toneladas de peces, estamos seguros que esos dos individuos no tienen nombre y por eso no tienen madre, aunque sepamos que se llaman Jesús García Villaseñor y Roberto Uribe Cortez y que suponemos son gente educada pues fueron capaces de instalar una fábrica sin razón social (ni mental) en donde nadie supo ni sabrá, pero que todos esperamos que sean localizados y ajusticiados pues este daño que no tiene nombre.

La multa que dicen puede aplicar es de un millón y medio de pesos que no parece suficiente para resarcir a los 33 mil habitantes que vivían de la presa, ni mucho menos de los millones de peces en donde se tardará ‘por lo menos cuatro años’ en revertir el ecocidio por esta ‘empresa apócrifa’ en manos de unos tipejos capaces de causar este daño antes de desaparecer. Por este tipo de cosas entra uno en el calor de la discusión que habla de principios que nada tiene que ver con los que aparentemente se tienen en la universidad, sino que se origina en la ambición desmedida y la barbarie que propicia el abuso como la fórmula para obtener ganancias a como dé lugar, sin importarles el medio ambiente, ni la sociedad. Por eso, podemos pensar que la justicia debe aplicarse con un castigo ejemplar por el daño causado y de pasada conocer a esos cómplices que no supervisaron esas instalaciones o que guardaron silencio —no sabemos a qué precio—, para dejar que se instalara en Acatlán de Juárez una fábrica sin razón social como dicen que no la tiene esta que se le hizo fácil aventar toneladas de melaza a la presa, así por que sí.

Agobiados por los sucesos destructores o vandálicos, esta noticia es como esa gota que viene a derramar el vaso de agua de la tolerancia que nos despierta con furia —tal vez por la impotencia—, como han sido los incendios forestales que casi acaban con el bosque de La Primavera.

Ahora estamos frente a dos depredadores que, en medio de la informalidad, abusan de la ignorancia por lo que uno puede caer en la desesperación —es decir, en la falta de esperanza o de confianza—, como si viviéramos en medio de una barbarie, amenazados por el peligro de extinción.

Sólo por contrastar dos actitudes y dos sociedades: recientemente llegó una pareja de amigos de un viaje al Canadá y me han dicho que desde que llegaron a Montreal respiraron hondo y casi les daban ganas de llorar cuando contrastaron cómo tienen allá un respeto a la Naturaleza, a las personas, a sus calles y parques y que tal vez era porque no están sobrepoblada o porque les enseñan desde niños a respetar todo esto, tal como lo pudieron ver en sus hábitos y costumbres. La verdad de las cosas, nos hace sentirnos tan mal entre eso que existe y que podemos soñar en alcanzar y que se llama ‘civilización’, con esto que es vivir entre la barbarie y la estupidez.