jueves, 4 de julio de 2013

Vivir entre amigos o entre enemigos

INFOSEL, Crónica cultural del jueves 4 de julio del 2013. 
En 1910, diez hombres y dos mujeres establecieron el primer kibutz.
Uno pensaría que en una comunidad creada para vivir del trabajo colectivo basada en un mismo espíritu y que desea lograr la autosuficiencia no habría  problemas ni divisiones, ni celos, ni envidias, ni nada de eso que corresponde a las pasiones de los seres humanos en cualquier otra sociedad y que esa comunidad no sea más que un sueño, una ilusión, una utopía como la que esbozó Tomás Moro en el XVI y que luego quiso aplicar en Patzcuaro ‘Tata’ Vasco, pero resulta que, en la realidad, la vida en una comunidad no es otra cosa, como lo relata Amos Oz (1939-) Entre amigos (Siruela, Madrid, 2013), un libro recién traducido al español, donde narra lo que él mismo consideró era una ‘utopía revolucionaria’ desde que era joven y que recién casado decidió irse con su mujer a vivir a un kibutz.

En este libro reflexiona y trata de reconstruir esa utopía como un objetivo inaplazable, tal como lo imagina Amos Oz nacido en Jerusalén y que, desde hace tiempo, piensa en soluciones para resolver un conflicto-sin-fin como el que hay en Israel en esa relación explosiva entre judíos y palestinos y lo ha hecho desde varias trincheras: a través del movimiento pacifista Shalom Ajshav (Paz Ahora) o a través de sus libros, como el breve ensayo Contra el fanatismo (la vieja lucha entre fanatismo y pragmatismo, entre fanatismo y pluralismo o entre fanatismo y tolerancia), hasta sus memorias con las que recibió el Premio Príncipe de Asturias en 2007, cuando hizo su discurso memorable La mujer de la ventana.

Él sabe que es “el compromiso y no el conflicto la única solución posible en el Oriente Próximo y que un acuerdo que se necesitaría es que cada una de las partes acepte la identidad del otro y su derecho a existir” —tal como lo señala Alberto Manguel en Babelia (29.06.13), a propósito de esta novedad editorial. Se trata de una utopía como la de Mandela en África del Sur o aquel sueño de Martin Luther King Jr.

En 1954 Amos Oz se fue a vivir al kibutz Julda y esa experiencia viene a cuento en este libro que resulta ser “una comedia humana que explora la relación incierta entre hombres y mujeres, padres e hijos, amigos y enemigos, reseñando tanto los males de este mundo, como sus esperanzas, en un idioma claro y preciso, perfectamente apropiado al tono lacónico de la narración.”

La Utopía de vivir entre amigos es parecida a la experiencia de vivir entre enemigos, en donde la imposibilidad de la utopía es menos la prueba de un fracaso que la realización de nuestros deseos por encontrar una solución, como el viejo Gonzalo, el asesor del rey de Nápoles cuando lo hizo para apaciguar la angustia del naufragio, mientras caminaban perdidos por la isla: "en mi república haría que todo fuera al revés de cómo se acostumbra. No admitiría ningún tipo de comercio, ni tribunales de justicia. No se conocerían las letras, no habría ricos, ni pobres, ni servidumbre, ni límites de tierra. No se usarían los metales, ni se sembraría el trigo, ni se produciría vino o aceite; no habría contratos, ni herencias, ni trabajos, ni oficios. Todos los hombres se dedicarían por completo al ocio, todos; y las mujeres también, pero inocentes y puras. Nada de soberanía” —decía Gonzalo en esa Isla donde vivía Próspero con su hija Miranda y el nativo Calibán, tal como lo hemos leído en La tempestad de Shakespeare.


Los deseos de encontrar una solución a lo que parece que no la tiene, como los tuvo Mandela y que todavía no se olvidan.