El otro sueño

EL INFORMADOR, Tertulia del sábado 24 de agosto, 2013.

Una madre huichola.
El próximo miércoles hace 50 años Martin Luther King Jr., hizo su famoso discurso y declaró su visión: “¡Hoy tengo un sueño! Sueño que un día esta nación se levantará y vivirá el verdadero significado de su credo en donde afirmamos que estas verdades son evidentes: ‘todos los hombres son creados iguales.’ Sueño que un día, en las rojas colinas de Georgia los hijos de los antiguos esclavos y los hijos de los antiguos dueños de los esclavos se puedan sentar juntos a la mesa de la hermandad. Sueño que un día, incluso en el estado de Misisipí, un estado que se sofoca con el calor de la injusticia y de la opresión, se convertirá en un oasis de libertad y justicia. Sueño que mis cuatro hijos vivirán un día en un país en el cual no serán juzgados por el color de su piel, sino por los rasgos de su personalidad. ¡Hoy tengo un sueño!”

En México la situación es diferente pero parecida a lo que sucede del otro lado del río Bravo. Sabemos que hay una población indígena de 13 millones de personas y, aunque en el segundo artículo de la Constitución nos definimos como nación pluricultural ‘sustentada en sus pueblos indígenas que son aquellos que descienden de poblaciones que habitaban en el territorio actual del país al iniciarse la colonización…’, más adelante queda claro que todos gozamos de los derechos humanos establecidos en la misma Constitución y donde, explícitamente, se declara prohibido toda discriminación ‘motivada por origen étnico o nacional, o por el género, la edad, las discapacidades, la condición social, las condiciones de salud, la religión, las opiniones, las preferencias sexuales, el estado civil o cualquier otra que atente contra la dignidad humana y tenga por objeto anular o menoscabar los derechos y las libertades de las personas.’

Este es nuestro ‘credo’ y nos referimos a él cuando se trata de la discriminación y los derechos humanos, dos conceptos amparados bajo la misma ley. Pero hay otras formas de ver la realidad: por un lado, reconocer que las etnias tienen su derecho para establecer las formas de convivencia y organización social, así como el de poder ‘preservar y enriquecer sus lenguas, conocimientos y todos los elementos que constituyan su cultura e identidad’. Por el otro lado, me pregunto si esto no es justo lo que impide que participen del progreso y del desarrollo, justificados por sus hábitos y costumbres que muchas veces son los que limitan el acceso al conocimiento universal, al mercado laboral, a la igualdad de oportunidades y a la posibilidad de vivir acordes con el siglo XXI.

La realidad es que sí existe discriminación: en estos días, por ejemplo, el abuso a los niños en Tabasco y, por supuesto, que nunca hemos visto a los huicholes, zapotecos o tzotziles estudiar en las universidades, mucho menos a las mujeres indígenas estudiando idiomas o artes plásticas o química o letras universales, mucho menos estudiando en el extranjero. Por eso creemos que con esos derechos que tienen, no han podido alcanzar  esa igualdad de oportunidades, pues, amparados en su ‘organización social’, discriminan a sus mujeres y a sus hijas las consideran objetos personales y mano de obra gratis. Pero, ¡ay de aquellos que se atreva a cambiar eso! Y de ahí que se nos cruzan dos ideas bajo una misma Constitución.

Habría que tener otro sueño y hacer algo para que un día tengan las mismas oportunidades que el resto de los mexicanos.