jueves, 22 de agosto de 2013

La magia absoluta de la música

INFOSEL, Crónica cultural, jueves 22 de agosto, 2013.
Los integrantes del Cuarteto Parker.
Cómo no emocionarse cuando alguien lleno de ilusiones trata de decirnos eso que trae en la cabeza y lo hace con una melodía que no sé por qué en cuanto la escuchamos parece que pega en el blanco y se nos hace un nudo en la garganta intuyendo, tal vez, cómo la realidad lo amenaza, tal como sucede al inicio del Quinteto para piano No. 2 en La mayor Op. 81 de Dvorak cuando Shai Wosner al piano empezó a contar la historia a diferencia de otras interpretaciones como la que podemos escuchar con Stanilslav Richter en donde es el cello quien propone el tema. Esta sorprendente versión la escuchamos en el último concierto al cierre del Festival de Música de Cámara de San Miguel en el Teatro Ángela Peralta, donde fuimos el centro de ese blanco.

El Cuarteto Parker está formado por verdaderos virtuosos como son Daniel Chong, al primer violín; Ying Xue, el segundo; Kee-Hyun Kim al cello y Jessica Bodner a la viola, un cuarteto ganador del Grammy en el 2010 y que, la semana pasada, fueron aceptados en Harvard para hacer ahí una residencia artística.

¿Por qué la melodía y el golpe emocional? ¿Qué pasa cuando la música atraviesa ese blindaje que hemos hecho para defendernos de ese tipo de emociones y, de pronto, sin decir agua va, lo traspasa y le da en el centro? ¿Por qué supongo que esa breve melodía es una ilusión, algo esperanzador y deseable como lo es un sueño inalcanzable y por qué nos conmueve de esa manera? ¿Será porque habla directo al inconsciente? ¿Será porque entendemos todo cuando el cello abraza musicalmente al piano? Todo empieza con un Allegro, ma non tanto —tal como a veces nos sentimos— con esa música esperanzadora para que las cuerdas se pasen los siguientes tres movimientos elaborando esa idea.

Le di de vueltas toda la noche y me di cuenta que no había sido el único que recibió la flecha. Tal parece que Dvorak llegó al meollo de las emociones con una melodía simple para mantenernos atentos en su desarrollo para imaginar lo que está pasando.

En el segundo movimiento parece que las ilusión cae por los suelos. Es una romanza triste que luego vuelve a tomar ímpetu en el tercer movimiento —como lo pueden escuchar en la versión virtual que propongo—, para llegar al Lento – Presto al saltarello como lo resolvió el compositor.

El tema se nos ha metido en la cabeza y lo tarareamos cada vez que podemos y esta versión que escuchamos la noche del sábado pasado es inolvidable. Tal vez por eso, una vez terminado el concierto, decidimos ir al roof garden del Hotel Rosewood para respirar hondo, disfrutar del paisaje nocturno de San Miguel y contemplar la luna en cuarto creciente con sus aretes colgadas a los lados y una Venus como diamante, firme y sin parpadear, brillando en ese cielo despejado y claro.

La música y las emociones van de la mano y Dvorak encontró en esa melodía tan breve, un contenido que llega al fondo como la versión que escuchamos con ese Cuarteto y el piano de Wosner.

La magia se hizo presente y las cuerdas proponen salidas o alternativas mientras el piano recuerda su propuesta para que las cuerdas lo festejen como en una alegre conversación. Regresan las ilusiones hasta que el primer violín toma la palabra, repite la idea y confirma la historia.


Más tarde el piano insiste y así, todos vuelven a repetir la historia y a veces el cello abraza al piano —una buena terapia del abrazo— y nosotros temblamos sin importarnos más si entendemos o no lo que pasa, dejándonos llevar por la magia absoluta de la música y, en particular, de este quinteto de Dvorak.