Lanzar la flecha con destino cósmico

INFOSEL, Crónica cultural del jueves 15 de agosto, 2013.

“Todo es cuestión de soplarle con fuerza a las cenizas para que se mantengan al rojo vivo” —me decía Hugo Velásquez (1929-2010) en el sueño que tuve la noche del lunes, un sueño disparado por la reunión que hubo por la tarde en el Piso 51 de la Torre Mayor en homenaje a Javier Beristain (1945-2009) quien propuso, cuando recibió su doctorado honoris causa de manos de Alberto Ballières en el ITAM en julio de 2009, unos meses antes de su fallecimiento, lo que María Elena Juárez, su esposa ha sostenido con amor y enjundia y que asocio con este sueño que tiene que ver con “soplarle a las cenizas para que las ideas de Javier sigan al rojo vivo” con el Fideicomiso que ofrece becas a los estudiantes de provincia del ITAM (alojamiento y manutención) y con los encuentros que han organizado para imaginar el “México que queremos.”

“La visión es esta —dijo Javier Beristain en aquel julio del 2009—: que todos los niños y jóvenes de México tengan la oportunidad de recibir una educación de calidad y la propuesta es que el ITAM haga realidad esta visión que deviene de una observación compartida por muchos, es decir, que la mala educación que están recibiendo los mexicanos es un nudo gordiano en donde se enredan la mayoría de los problemas nacionales como son, la fragilidad de las instituciones, la inmovilidad social y la desigualdad, así como la improductividad de los factores de producción, el deterioro del ambiente, la indiferencia frente a la impunidad y la corrupción, la debilidad de la sociedad civil y la intolerancia de lo distinto y que son, entre otras, algunas de las consecuencias porque la gran mayoría de los mexicanos no logran una educación de calidad en valores, en aptitudes, en actitudes y en conocimientos… Lanzo esta flecha con destino cósmico, pues es un deseo tan ambicioso que nos concierne a todos porque en México se ha creado una peligrosa brecha entre la educación pública para las mayorías y la educación privada para las élites que contribuye a perpetuar la inmovilidad social y la desigualdad.”

La labor de María Elena ha sido secundada por muchos de sus amigos, colegas, maestros y exalumnos. A la fecha, han podido recibir la beca veintisiete jóvenes de provincia baca que cubre los cuatro o cinco años de su carrera, más los quince mil asistentes a las mesas que organizaron con personalidades del mundo de la política, de la vida pública y privada aportando ideas sobre “El México que queremos” que, finalmente, ha sido editado como libro con ese mismo título en donde todos parecen coincidir en poder concretar esas reformas que tiene que ver con la educación de calidad.

Desde hace un año, la Fundación otorga el premio anual La flecha al aire a las tres mejores tesis de licenciatura del ITAM con premios que van desde los $10 mil dólares hasta los $2 mil del tercero. Esa tarde les entregaron sus premios a los tres primeros lugares en manos del Dr. Pedro Aspe.

 Había unas trescientas personas y entre todos soplamos a las cenizas para que se mantengan al rojo vivo y durante la ceremonia recordé aquellos momentos que compartí con Javier en vida desde que había sido nombrado rector del ITAM en 1972 cuando lo invité a participar en el programa Latin American Professor’s Tour que coordinaba desde IBM de México. Viajamos por dos semanas a EEUU y Canadá y nos hicimos amigos tratando de soñar en el futuro. Pronto llegarían los primeros doctorados y su prestigio.


En los 80’s le propuse editar y publicar los libros que usan los alumnos al inicio de su carrera como parte de Estudios Generales y hacer con ellos textos completos en una colección como la de The Home University Library de la Oxford University Press; luego le pedí auxilio para darle un giro urgente a la revista El Inversionista que dirigía entonces y que, después del crack de la bolsa, había que cambiar su vocación a la economía. En ese momento Javier invitó a varios de los recién llegados de su doctorado para que colaboraran: Luis Téllez, Javier Gavito y el excéntrico Allen San Ginés, entre otros y finalmente, en el 2008 me animó para que fuera a Londres a tomar los talleres que Richard Olivier ofrecía sobre Liderazgo basado en Shakespeare, que sigo ofreciendo en el ITAM. Por todo le soplo a las cenizas que siguen al rojo vivo: es difícil olvidarlo.