Los troyanos en Cartago


INFOSEL, Crónica cultural, jueves 5 de septiembre, 2013.
Casandra convenciendo a los troyanos de que el caballo griego era una trampa.
Mientras se ofrecen tales maravillas ante los ojos del troyano Eneas y embebecido concentra sólo en ello la mirada, la reina Dido, radiante de belleza se encamina hacia el templo entre un tropel de jóvenes que le van dando escolta… Siempre pensé que Los troyanos, la ópera de Héctor Berlioz (1803-1869) estaba basada en la tragedia de Eurípides. Para nada. El compositor francés se había inspirado en la Eneida de Virgilio y por eso se llama Los troyanos y no Las troyanas como era la tragedia griega en donde veíamos a Hécuba, la reina de Troya, hecha polvo. Desde que Berlioz leyó a Virgilio pensó que podía hacer algo parecido a las tragedias de Shakespeare, a quien admiraba entre todos los dramaturgos.

Sabía que por hacerlo se sacudiría su vida emocional. Los amores entre Dido y Eneas lo habían consternado. Si no es porque la princesa Carolina zu Sayn-Wittgestein en Weimar lo forzó para que lo hiciera, Berlioz no la habría compuesto. Se tardó dos años (1856-1858) para componer este poema lírico ahora considerado como una de las óperas francesas de mayor importancia. Berlioz nunca la pudo verla completa y sólo vio fragmentos acompañados de una crítica despiadada.

Así va Dido, ufana en medio de los suyos, alentando las obras y el esplendor futuro de su reino… pero la historia que cuenta Berlioz empieza con los troyanos engañados por los griegos, aparentando abandonar Troya y, de pasada, dejando como regalo para los dioses a un caballo de madera gigantesco. Pronto vemos a Casandra desesperada suplicando que no metieran al caballo pues sabía —era adivina— que era una vil trampa. Castigada por Apolo por no haber accedido a sus deseos, nadie le hacía caso a sus predicciones y los troyanos, borrachos por el deseo de acabar con diez años de sitio, metieron el caballo de Troya dentro de las murallas para que, desde su vientre bajaran por la noche los griegos, abrieran las puertas de la ciudad amurallada y destruyeran todo. Eneas escapa navegando por el Mediterráneo y una tormenta lo lleva hasta Cartago.

Este domingo 8 de septiembre pasan Los troyanos en algunas de las salas de Cinemex (vean la cartelera) con la más reciente puesta en escena de la Royal Opera House de Londres en donde podremos ver algunos pasajes de la Eneida empezando por la destrucción de Troya, la huída de Eneas y sus amores con Dido, la reina de Cartago, que sufre, como cualquiera de nosotros, si un día nos abandonan. El poeta de poetas escribió: la reina herida hacía tiempo de amorosa congoja la nutre con la sangre de sus venas y se va consumiendo en su invisible fuego… Venus la había engañado.

Con razón se defendía Berlioz de componer esta obra y si no es por la princesa Carolina que prácticamente lo obligó a hacerlo para ponerse a trabajar asimilando la tragedia de Troya y los amores entre Dido y Eneas que tienen una dimensión universal.

La esperanza de los troyanos duró poco y fueron destruidos. Eneas enamora a Dido y la rueda de la fortuna sigue girando y da de vueltas hasta veamos cómo es incapaz la reina de Cartago de aceptar el abandono y entonces morimos con ella, mientras Eneas, obedece al oráculo y se va para fundar lo que sería Roma. Para eso había venido a este mundo. No le importa abandonar a Dido en un callejón sin salida y por eso la reina ve alborear de su atalaya el día y alejarse la flota, las velas a la par firmes al viento y contempla desierta la ribera y el puerto sin remeros, hiere su hermoso pecho tres veces, cuatro veces mesándose su rubia cabellera…, y nosotros nos vamos a casa arrastrando la cobija.