Amar a destiempo

INFOSEL, Crónica cultural del jueves 3 de octubre, 2013. 
Kwiecien, barítono (Oneguin) y la soprano Netrebko (Tatiana).
Si hubiese existido Eugenio Oneguin, no podía haber conocido el poema de Renato Leduc que habla de la sabia virtud de conocer el tiempo; a tiempo amar y desatarase a tiempoamor de aquellos tiempos, cómo añoro la dicha inicua de perder el tiempo como no la conoció Oneguin, más bien, vivió la desdicha del ocio, rechazando el amor de Tatiana cuando ella sí quería y, cuando tiempo después, él quiso, ella ya no pudo. Total, todo lo hizo a destiempo.

Luego, por andar jugando con fuego, juega con la prometida de su mejor amigo y, a éste, no le queda otra que retarlo a muerte y los dos amigos, sin poder disculparse a tiempo, se enfrentan y uno de ellos muere. Entonces Oneguin vive entre el ocio y la culpa y la posible dicha se convierte en drama sin saber qué hacer, perdido en el espacio, sin interés alguno en esta vida, vagando de un lado para el otro hasta que, tiempo después, llega a San Petersburgo para volver a encontrarse a Tatiana ahora esposa de un viejo general y príncipe ruso. Por eso me pregunto, ¿cómo va a resolver esto la directora artística Deborah Warner con su nueva producción del MET ambientada en nuestra época?

Eugenio Oneguin es la novela en verso escrita por Pushkin (1799-1837) y estructurada de manera episódica, una novela que tuvo mucho éxito en el XIX, pues era un retrato crítico de una sociedad aburrida en donde mezcla un poco de drama, con otro de romanticismo y una pizca de sátira. En 1879 Tchaikovsky la toma para hacer su libreto y componer una ópera con mismo nombre que este sábado transmite el Metropolitan Opera House de Nueva York a las diez pantallas de alta definición que hay en México y al resto del mundo para ser vista por más de tres millones de personas.

La obra tiene que ver con la época: los nobles y ricos no trabajaban, una doncella no podía declarar su amor a un hombre y la manera de ponerse a mano cuando alguien se sentía que habían ofendido ‘su honor’ era con un duelo. Todo esto lo va a tener que resolver la productora del MET que tiene un reparto de primera con la soprano Anna Netrebko (1971-) quien, después de tener a su hijo, le cambió el cuerpo embarneciendo, al tiempo que su voz maduró, como saben los expertos que dicen está en el mejor momento de su vida. Ella es Tatiana, la enamorada de Oneguin que le escribe una carta apasionada y canta una de las mejores arias de la obra para expresar sus emociones mientras la orquesta nos avisa con una melodía —deliciosa—, que se repite tres o cuatro veces como si de esa manera conociéramos su estado de ánimo:

—Te escribo… ¿y luego? ¿qué más decir? Se que ahora tienes el poder de castigarme con tu desdén, pero si tienes una pizca de piedad por mi lamentable estado… no me abandones. Al principio quise callar, entonces, créeme, nunca habrías conocido mi vergüenza… nunca…


Tatiana es rechazada por Oneguin y juega con Olga, la prometida de Lenski, su mejor amigo y en el duelo escuchamos un dúo en donde los dos amigos no saben por qué se retan a muerte pero ninguno de los dos lo evita. La obra es, como dice Sergio Vela, episódica entre los límites de una sociedad que conocemos desde el primer coro ruso cantado por los campesinos que llegan cansados del trabajo antes de ponerse a bailar el día que Oneguin llegó de visita para tensar el arco del drama y de las pasiones.