La nariz y los deseos reprimidos

INFOSEL, Crónica cultural del jueves 24 de octubre, 2013.

La nariz diseñada por Kentridge sale a caminar.
El surrealismo en las artes plástica tiene lo suyo y cada quien sabe entre todo esos movimientos el que más le gusta. En mi caso, regreso a los impresionistas porque me conecto más fácilmente con esos pintores que retan a la fotografía recién descubierta y juegan con los colores para ‘darnos la impresión’ de lo que ven, sin detallar nada y dejar que seamos nosotros los que podemos apreciar o imaginar lo que intentaron plasmar. Igual sucede con la música impresionista como esas obras de Debussy o Ravel y que nos llevan de la mano por lugares nunca antes imaginados.

Pero el surrealismo en la literatura es otra cosa. El hecho de que alguien pueda relatar un historia inspirada en un sueño y contarla como algo real es algo único. Sólo los poetas —los músicos y los locos— saben cómo llegar a lo más profundo del inconsciente, para entender los símbolos e imágenes que nos hablan de cosas que, aunque parece que no entendemos, si aflojamos el cuerpo y cooperamos, se llega hasta el fondo.

Poco antes de ir a grabar al maestro Sergio Vela para que nos hablara sobre La nariz, esa ópera que compuso Shostakovich en 1929 casi un siglo después que Gogol había escrito ese cuento en 1834 mientras estaba en San Petersburgo. Es un relato absurdo que, como bien indica Sergio Vela, fue escrito avant la lettre del surrealismo de principios del siglo XX.

Había una vez un peluquero que se despierta —crudo y oliendo a vodka— y en el desayuno se encuentra con una nariz entre las hogazas de pan. Extrañado y sintiéndose culpable de que sea la nariz de alguno de sus clientes que rasuraba todos los días con su pulso tembloroso, trata de deshacerse de ella, sale de su casa y la tira al Neva. Alguien lo ve. Era el comisario. Mientras, cerca de ahí, el Mayor Kovalyov se despierta y, aterrado, se da cuenta que no tiene nariz.

Freud no había nacido, ni mucho menos había desarrollado su teoría de los sueños en donde llega a la conclusión de que son “la realización (disfrazada) de un deseo reprimido” y que siempre funcionan más como “guardianes del reposo que como perturbadores”. Por eso, cuando conocemos la ópera de Shostakovich (como la que transmite el MET por todo el mundo este sábado), nos preguntamos: ¿dónde está el deseo reprimido del Mayor Kovalyov en este sueño?

William Kentridge es el director artístico en la versión del MET, una artista que se clavó por completo en la trama para darle ese toque único y que podamos ver cómo la nariz adquiere vida propia y camina por San Petersburgo —y luego por Kazán—, ocupando un estrato superior al de su dueño que, desesperado, sale a buscarla por todas partes, pone un anuncio en el periódico hasta que, en la Catedral de Kazán la encuentra y se pone a platicar con ella. Es un ícono y está en la parte superior del altar sintiéndose lo máximo.

La nariz puede significar la virilidad del Mayor como tantas veces la dibujan como su equivalente o es aquello que nos caracteriza y forma nuestro yo, es decir, nuestra individualidad.


¡Ya está! Como es comedia, tiene final feliz y el Mayor Kovalyov la encuentra y se la puede colocar donde estaba, para volver a ser feliz: se ha encontrado a sí mismo y se ha aceptado tal como es. ¡Listo! ¡Qué felicidad y el logró su deseo reprimido aunque disfrazado!