La vida, una sombra que camina

INFOSEL, Crónica cultural, jueves 10 de octubre, 2013.
Kenneth Branagh, director y actor en Macbeth, National Theater de Londres.
No cabe la menor duda que el teatro en México se encuentra en un buen momento gracias, entre otras cosas, a las reformas hacendarias que, desde hace un par de años, autorizaron a las empresas para que puedan patrocinar la producción de obras y que sean esas aportaciones deducibles de impuestos. La esperanza aumenta y mejora el ánimo de actores y directores y compañías de teatro que saben que hay esa fuente de ingresos con la que podrán financiar sus producciones.

Al mismo tiempo, desde hace también un par de años nos llega a México el teatro digital para agregarse a la oferta teatral con las transmisiones de las obras que produce el National Theatre de Londres, obras que pueden pertenecer a los pesos pesados de la dramaturgia inglesa como las de la temporada 2013-14 que empiezan a transmitir en El Lunario de la ciudad de México y que consiste de cuatro de las obras mayores escritas por William Shakespeare (1564-1616).

Las obras de transmiten en vivo, en alta definición, pero no en directo, porque se necesita un poco tiempo para integrar los subtítulos en español que, por fortuna, las hacen más entendibles y disfrutables. Se transmiten los lunes y, algunas de las repeticiones, son los martes tal como podemos ver en cartelera donde anuncian estas que pertenecen al top ten de Shakespeare que imagino las ponen en escena para celebrar los 450 años de nacimiento del Bardo en Stratford-upon-Avon en 1564. En orden de aparición serán: Macbeth, octubre 14 y 20; Otelo, noviembre 25 y diciembre 8; Hamlet, enero 20 y 21 y Coriolano febrero 24 y 25.

Macbeth la ponen con Kenneth Branagh como tal, este actor y director que desde hace tiempo hace el papel de Wallander-UK, un policía sueco más bien depresivo en esta serie en TV que pasan en Film & Arts. Por lo pronto, ha vuelto al escenario como director y actor principal, acompañado de Alex Kingston como Lady Macbeth —de cuyo nombre no hay que acordarse— donde seguramente observaremos la transformación en escena que tanto nos duele de este héroe que es dominado por su ambición y se deja empujar por su esposa al abismo como nos duele en la vida real, ver a esos amigos y hombres todopoderosos que pierden piso y pierden el sueño y todo lo que habían logrado, sólo para caminar un rato más —como sombras—, por el lado oscuro de la acera.

Macbeth es un escocés medieval que, después de haber sido héroe en una batalla y haber sido nombrado Señor de Cawdor por el rey Duncan se deja llevar por su ambición y junto con su mujer asesinan al rey, su huésped para demostrar su hombría con un regicidio y una ambición agazapada que se destapa con las brujas hasta ocupar el trono y matar el sueño, ese inocente sueño que teje sin cesar la maraña de las preocupaciones, la muerte del vivir cotidiano, el baño de la fatiga, el bálsamo de las heridas de la mente, el plato fuerte en la mesa de la Naturaleza, el principal alimento del festín de la vida.

Y después, ver cómo se convierte en una bestia sin límites que mata a quien crea que amenaza su poder o podría usurpar la corona como él lo hizo, desencadenando a ese demonio que está dentro y que puede arrasar todo lo que encuentra.


Lady Macbeth muere enloquecida y cae por el abismo y él, de pronto piensa en voz alta que la vida no es más que una sombra que pasa, un pobre actor que gesticula y se pavonea una hora sobre el escenario y después no se le oye más; es un cuento, contado por un idiota pleno de sonido y furia, que nada significa.