Macbeth: ver si podemos reconocernos

EL INFORMADOR, Tertulia del sábado 19 de octubre, 2013.
Kenneth Branagh como Macbeth en el National Theatre de Londres.
Cuando uno vuelve a ver Macbeth y toda la noche le seguimos dando vueltas a la versión dirigida por Rob Ashford y Kenneth Branagh quien hace además el papel protagónico en el National Theater de Londres, gracias a las transmisión a El Lunario de la ciudad de México —única plaza en el mundo hispanohablante que la recibe y por eso, privilegiados de verla—, me pregunto si está o no vigente la historia, la trama y los personajes, es decir, si la queja de los escoceses en la Edad Media sigue siendo válida en México ahora, porque, según decían, durante el reinado de Macbeth ya nadie podía reconocer su país.

Digo, que si a nosotros nos puede pasar lo mismo y nos pasa como a ellos que ya no podemos reconocer al nuestro, no por estar en manos de un ‘Macbeth’, sino porque hemos creado a varios ‘Frankestein’ y hemos permitido que nos domine esa maldita hidra de las mil cabezas formada por los anarquistas, terroristas, traficantes y esos asesinos que por doscientos pesos y un taco sudado son capaces de matar a quien se les diga, junto con los del crimen organizado o los provocadores del CNTE, además de que hemos tolerado la impunidad y la corrupción, hermana gemela de la decadencia. 

O como sucede en Siria y Venezuela, gobernados por tiranos en el poder. Entonces, si esto es así, lo que vimos el lunes pasado por la noche tiene sentido y más todavía cuando escuchamos lo que le dicen las brujas a Macbeth y Banquo que fair is foul (lo hermoso es feo) y foul is fair (lo feo es hermoso) que tiene que ver con el tiempo presente y futuro (pluscuamperfecto) y el deseo de ser thane de Cawdor y Rey que uno se lo puede uno imaginar como fair —como lo explica Ulises Schmill—, y luego resulta que lo que pensaba era fair resulta ser foul como le pasó a Macbeth.

La puesta en escena es espléndida: la escenografía, el pasillo de una iglesia donde podía llover a cántaros mientras se daban las batallas (exteriores e interiores) y al fondo un altar iluminado por las flamas amarillas de la esperanza deseada.

Alexandra Kingston es Lady Macbeth que deseaba de cuerpo y alma que su marido tuviera el valor y la fuerza, como la que tenía antes en la cama, y para empujarlo para que sus anhelos fuesen realidad piensa en voz alta que quiere ser grande pero no tiene la malicia que debe acompañarla… apresúrate (Macbeth) para que vierta mi audacia en tus oídos.

Una dinámica efectiva que en dos horas pudimos ver la transformación de la pareja: él ‘había asesinado al sueño’ y, ella, se lavaba las manos para quitarse las manchas de sangre.

Branagh, inmerso en el papel, parecía agotado cuando le avisan de la muerte de su esposa antes de decir eso de ‘la vida como una sombra que camina’, hasta que se le quiebra la voz y suelta el llanto cuando sabe que la vida puede ser ‘un cuento contado por un idiota lleno de sonido y furia que nada significan’ y, por primera vez vi cómo, dentro de su oscuridad un destello de ese extraño amor que posiblemente le tenía. Desesperado, cansado del sol eran pocas cosas las tenían sentido.

La transmisión la repiten mañana domingo. Ojalá la vieran y conectaran la destrucción de Macbeth o de la hidra de las mil cabezas, para que vuelva a nacer la esperanza.