viernes, 29 de noviembre de 2013

Recuerdos y emociones en la FIL

EL INFORMADOR, Tertulia del sábado 30 de noviembre del 2013.

Antonio Muñoz Molina cita en su libro El viento de la luna al poeta Antonio Machado: Solo recuerdo la emoción de las cosas, y es esa manera de recordar la que me viene como anillo al dedo para caminar por la línea del tiempo como el equilibrista, tal como caminaba Diego García Elío con su editorial cuando publicó lo que sería mi primera novela y que valientes, trepamos a las alturas para caminar por la cuerda (no tan floja) y mantener el equilibrio con una larga vara que, apoyándose de las leyes de la física, nos permite llegar a nuestro destino tal como lo hacemos ahora recordando esas emociones que vivimos en la FIL de hace casi veinte años cuando, temblando, presenté las Confesiones de Maclovia (Ediciones El Equilibrista, 1995) escrita con el material que venía elaborando desde hacía años en la madrugada, cuando llegaba del periódico —entre las dos y tres de la mañana—, en donde, antes de dormir, intentaba imaginar fragmentos de la historia que se iba armando alrededor de la vida de Maclovia Cañedo, (1859-1933), ‘la divina Cova’, como le decía Ixca Farías a esa abuela materna que nunca conocí, de quien tenía idea de su vida gracias a las anécdotas y a los silencios que se producían cuando alguien la mencionaba en la sobremesa.

La cola para firmar el libro era larga sin saber qué era eso de dedicar un libro. Pensaba que debían ser "frases originales para cada uno de los lectores". Terminé garabateando, vaya usted a saber qué, con una letra ilegible y una emoción que me rebasaba, superior a mis fuerzas: fue mi hora en el escenario, gozando eso que creía era el éxito, sin saber que sólo era un relámpago celeste.

Sólo recuerdo la emoción de las cosas y es con eso que uno se puede recargar en el muro y compartir lo que dicen los poetas con tanto tino, pues todo lo que recuerdo de este pestañeo de casi 20 años es la emoción de haber logrado un sueño que había tenido por mucho tiempo y que, finalmente, realicé en nueves meses —como embarazo— de tiempo completo, escribiendo y olvidándome del resto del mundo y el ruido que produce, para pensar, día tras día, sólo en Cova para describir lo que imaginé que platicaba o pensaba cuando iba don Juan Bautista —JB, como el whiskey— a verla en Chapala del 33, el mismo año que Cova pasó a mejor vida, mientras escribía los diálogos de lo que pudo haber platicado cuando se veían en el Hotel Nido donde me hospedé en julio del 94 y en donde una noche soñé que bajaba reluciente, vestida como la virgen de Zapopan, sonriéndome. Yo la veía deslumbrado sabiendo que ella aceptaba todo eso que pretendía escribir.

Tal para cual. Ella, que era la verdadera soñadora y sabía leer el futuro, y ahora yo que la soñaba mientras gestaba esa historia que finalmente salió publicada —con el apoyo de mis amigos— en octubre del 95. Dos meses después la presenté en la FIL en plenitud de mi vida y oficio.

Hoy se inaugura la FIL-2013 y por eso recuerdo las emociones antes, en y después de haber escrito, en plena libertad, la historia de Cova, gracias a la musa de fuego que tuve en la duermevela donde pude ir asociando, hilando y caminando, como buen equilibrista, por la cuerda floja del universo de la invención.