El espejo y la segunda oportuinidad

EL INFORMADOR, Tertulia del sábado 7 de diciembre, 2013.
Todos alrededor de Próspera en la versión de La tempestad de  Julie Taymor.
A Nelson Mandela ese gran espejo sudafricano (1918-2013).

La función del espejo es múltiple: podemos ver nuestro rostro como somos o como nos imaginamos que somos y no como en las ferias donde había una sección especial con espejos de todo tipo y nos veíamos panzones, flacos, desgarbados como jirafas o enanos y rechonchos en donde mejor nos reíamos de eso que nos decían esas imágenes, como si en realidad fuésemos como nos veíamos. También están esas personas que nos funcionan como espejo (o nosotros mismos funcionamos como tales) cuando podemos preguntar a otra persona, cómo ven lo que estamos haciendo aceptando de esta manera que algunas veces nos podemos perder en el bosque sin saber bien lo que estamos haciendo para que alguien nos ubique.

Si nos atrevemos a preguntar es que hemos dejado a un lado la soberbia y con humildad nos permitimos preguntarle al otro cómo ven lo que estamos haciendo y si lo preguntamos, es para escuchar la respuesta. La primera vez que me di cuenta de la importancia de tener a un verdadero espejo fue con La tempestad de Shakespeare cuando al final, el orgulloso Próspero, después de haber hecho todo lo que pensaba había que hacer, incluida la tempestad y el naufragio de los pasajeros que ahora estaban en la isla.

Próspero le pregunta a Ariel, el espíritu de la Isla: dime, ¿cómo están el rey y su comitiva? Eso que podemos interpretar como si le hubiera preguntado ¿cómo ves lo que he hecho? Ariel le dice lo mal que la están pasando sus prisioneros y le cuenta cómo el viejo Gonzalo, que tanto lo ayudó cuando lo exilaron, llora sin parar como la lluvia de invierno y concluye, diciéndole que si él fuese humano, se conmovería muchísimo.

Ese era el espejo que necesitaba Próspero para ver reflejados sus actos y, con esa respuesta, se quedó helado: se vio a él mismo reflejado: si tú —le dice a Ariel— que sólo eres aire impalpable, te conmueves con este espectáculo… yo, aunque herido en el alma por las crueles injurias que he recibido, tomo no obstante el partido de mi razón contra mi cólera, pues hay más mérito en la virtud que en la venganza

Y decide ponerlos en libertad y renuncia a todo: hace un círculo con su bastón mágico y está listo para empezar de nuevo tal como es, abandonando su magia. Tener capacidad de renunciar a todo nos libera y nos permite andar ligeros y, como Ariel, por fin liberados.

Tener la capacidad de preguntarle a otro: ¿cómo ves lo que estoy haciendo? es una cuestión de madurez, de humildad y de tener los pies en la tierra. Cómo añoramos que los poderosos casi nunca lo hacen y, de pronto no sepan qué tienen que hacer para corregir su rumbo.

De algo sirve el teatro: Mañana por la mañana —les dice Próspero a la comitiva— los conduciré hasta su barco y de ahí a Nápoles para celebrar la boda de nuestros hijos. Después, me retiraré a Milán en donde uno de cada tres de mis pensamientos será sobre mi tumba.

Tener a alguien como espejo y aceptar lo que veamos reflejado es directamente proporcional a la salud mental y a tener la oportunidad de corregir errores como en esta que fue la última obra de Shakespeare donde les ofrece a sus personajes una segunda oportunidad que es lo que más deseamos tener en nuestra vida. ¿No creen?