Guadalajara: hija del trueno y la tempestad

EL INFORMADOR, Tertulia del sábado 11 de enero, 2014.

Hace un par de meses salió a la venta la segunda edición de Oblatos-Colonias. Andanzas tapatías de Juan José Doñán, una versión en donde “corrigió los gazapos que acompañaron al libro en su primera salida al mundo” (en el 2001) y aprovechó el viaje para “ponerlo al día de cabo a rabo, con la misma convicción de siempre: Guadalajara es una realidad vasta y dinámica que ningún espíritu mínimamente sensato pretendería decir la última palabra.”

Estoy disfrutando esta nueva versión publicada por Arlequín que está escrita con amor y humor como ese que tiene este hombre que ha recorrido de una manera “real o imaginaria… a pie, en coche, a caballo, en bicicleta, en camión, en minibús, en trolebús, en tren ligero, en taxi, en malacate y hasta en el túnel del tiempo” la ciudad para poder platicarnos de ella.

Escrita con pluma ligera, no falto de profundidad, Juan José Doñán refrendó el título de su libro porque tanto de “ida como de vuelta, de la ciudad catrina a la popular, despacio o deprisa, en tiempo de aguas o de secas, el destino del Oblatos-Colonias siempre fue el mismo: Guadalajara.”

Uno recorre la ciudad en el tiempo y el espacio empezando por el edificio emblema de la ciudad, como es la iglesia Catedral que además es el centro geográfico de la Cruz de Plazas diseñada por Ignacio Díaz Morales “un proyecto estetizante, con dedicatoria a los peatones”.  Luego nos lleva hacia el norte no sin dejar de pasar por el Santuario hasta llegar a los espejismos de la barranca de Huentitán.

Escribe de varios personajes algunos de ellos inolvidables, como es Ignacio Arriola Haro (1920-1990), amigo que visitaba en su casa cada vez que iba a Guadalajara en donde siempre sucedían cosas fantásticas. Tenía en su casa un pequeño foro para ensayar sus obras de teatro. Un día que lo visité en el verano, estaba con una joven y guapa tapatía que llegó a verlo y estaban discutiendo sobre las dificultades del streptease y, para no seguir con la teoría, mejor decidió ponerlo en práctica: se sentó al piano, yo como público y ella en el escenario repitiendo movimientos que tenían cierto grado de dificultad hasta que, para nuestro asombro y beneplácito, concluyó este ensayo con cierta elegancia.

Habla del futbol y de las Chivas, aunque estén de capa caída. Por fin me enteré por qué les dicen así: cuenta Doñan que “en 1948 durante un aburrido cotejo contra el Tampico, en el desaparecido parque Oro, alguien gritó que parecía trote de chivas, dando origen al famoso apodo que, de ser motivo de mofa, se convertiría en timbre de orgullo."

Este verano Doñán se fue en bicicleta de Roma hasta Santiago de Compostela cruzando los Alpes, así que, cuando habla de conocer Guadalajara, estoy seguro que la bicicleta fue uno de sus vehículos, como era en los 50’s cuando íbamos a la escuela y esperábamos la salida de las damas del Sagrado Corazón.

En el capítulo de las visitas cuenta historias de algunos viajeros que han estado en Guadalajara como Andrés Breton (1896-1968), José Vasconcelos (1882-1959) o D.H. Lawrence que escribió en Chapala la primera versión de La serpiente emplumada.

El índice de nombres da cuenta de los tapatíos de diferentes generaciones y oficios, sin dejar de ser critico e irónico en pleno ejercicio de la libertad de expresión y con buen humor, mientras nos lleva de la mano por el triángulo de la pobreza: Guadalajara, Tapalpa y Chapala.

NOTA: el libro Oblatos-Colonias lo pueden comprar a través de Internet en: https://www.kichink.com/buy/73966/ediciones-arlequin/oblatos-colonias#.UtAiadLuJ8E

La manera de comprarlo es muy sencilla: el comprador sigue unos pasos sencillos hasta generar una orden que pueden pagar en Oxxo o en un Banco o en el acto con tarjeta de crédito o débito, y al cabo de tres días el libro estará en su casa.