jueves, 23 de enero de 2014

Otras ciudades y otras vidas

INFOSEL, Crónica cultural del jueves 23 de enero, 2014.

Todo pasó en otra ciudad y en otra vida y, cuando leemos esto en las primeras líneas de los Los ingrávidos (Editorial Sexto Piso, México, 3ª edición, 2013), la novela de Valeria Luiselli (1983-), nos detenemos para reconsiderar eso de las otras vidas y de sus ciudades como las que creemos haber tenido. Hagan cuentas y verán que son varias las que han tenido por decir algo. Cuando doy clases en los talleres de liderazgo basado en Shakespeare, me sale del alma señalar esas cosas que he hecho y que han sucedido en “otra vida” como lo propone Valeria. Por lo menos calculo haber tenido tantas vidas como las que dicen tener los tres gatos que tenía Gilberto Owen en Nueva York y que se le ocurrió llamarles: Cantos, Paterson y The, «así que a veces digo al aire ‘¡The Paterson Cantos!’» —como dice Valeria en esta novela.

Esas vidas que contabilizo van desde la infancia en el Colegio México de la calle de Mérida en la ciudad de México, antes de pasar a la juventud feliz en Guadalajara y tener una como un suspiro que duró ocho meses en Freiburg, i.Br. en Alemania, iniciando esa otra vida que es parte del primer matrimonio en donde incluyo la paternidad como la maternidad de la narradora con «un niño mediano y una bebé» entre los doce años que trabajé en IBM. Luego, contabilizo otra vida con mi segundo matrimonio que incluye el trabajo editorial y la de escritor hasta el día de hoy cuando viajo con mi musa de Fuego renovándome a cada rato. Sí, Valeria tiene razón: todo ha pasado «en otra ciudad y en otra vida.»

La narradora convierte el tiempo en el presente sin importar si habla del pasado mediato o el remoto: todo está en el presente y lo narra en primera persona del singular. Todo es transparente como el fantasma Consincara, como le decía «el niño mediano» que, en realidad es el hijo mayor mientras nos va narrando lo que le sucede a otros fantasmas como el de Gilberto Owen (1904-1952) hasta que vemos cómo los dos rostros (narradora y Owen) se sobreponen en la ventana del Subway en Nueva York. ¡Fantástico!

Nos cuenta su vida desde que era soltera y trabajaba en una editorial en Manhattan, al tiempo que Owen vivía en Nueva York (1928) como escritor de la embajada, fundiendo las dos en un sólo presente antes de enterarnos que muere en Filadelfia cuando era Cónsul y se había quedado ciego por el alcohol.

Valeria desea escribir una novela silenciosa, para no despertar a los niñosque sea compacta, porosa. Como el corazón de un bebe, y tal parece que lo logra tejiendo sus historias de tal manera que creo, es lo mejor que se ha publicado en estos años.

Valeria dice que su novela la «hubiera querido empezar como termina A Moveable Feast de Hemingway» y para los lectores curiosos, esta es la manera que le hubiera gustado empezar: París no se acaba nunca, y el recuerdo de cada persona que ha vivido allí es distinto del recuerdo de cualquier otra. Siempre hemos vuelto, estuviéramos donde estuviéramos, y sin importarnos lo trabajoso o lo fácil que fuera llegar allí. París siempre valía la pena, y uno recibía siempre algo a trueque de lo que ahí dejaba. Yo he hablado de París según era en los primeros tiempos, cuando éramos muy pobres y muy felices. En español este relato es Paris era una fiesta.


Por algo, en menos de dos años Valeria Luiselli lleva tres ediciones: es lo mejor que he leído de esta generación.