El arte como terapia

EL INFORMADOR, Tertulia del sábado 22 de febrero, 2014.
Retrato de Madame Antonia Devaucay de Nittes por Ingres (1807).
Alain de Botton ha logrado combinar sus conocimientos como filósofo suizo, con el ingenio inglés desde que adquirió esa nacionalidad y se fue a vivir a Londres, pues con estas dos herramientas, hemos podido ver cómo despliega, quitado de la pena, su buen humor y talento en una conferencia virtual de 45 min., (en inglés y sin subtítulos), titulada El arte como terapia en donde nos explica cómo es que el arte nos puede servir para conocernos mejor y, por lo tanto, podemos disfrutar más de esta vida. Las artes a las que se refiere son dos: la pintura y la arquitectura, aunque nosotros las que podemos extenderla y aplicar a la literatura, la música y la danza.

Alain de Botton es un escritor a quien le seguimos la pista desde hace años y, aquellos lectores que tengan memoria, podrán recordar las veces que he escrito crónicas sobre sus libros porque siempre he querido compartir los placeres de su lectura, por ejemplo este que compartí con varios amigos tapatíos, Cómo cambiar tu vida con Proust, pasando por El arte de viajar y La arquitectura de la felicidad o Las consolaciones de la filosofía o, el más reciente, en donde nos hizo ver las Miserias y esplendores del trabajo.

Ahora habla del arte como si fuera una memoria auxiliar que nos permite salir de la enajenación, por ejemplo, si vemos uno de los paisajes pintados por John Constable (1776-1837) donde muestra la belleza de las nubes y por eso nos permite —dice Botton—, recordar que las nubes existen y que son bellas para disfrutarlas, como tantas otros motivos que nos ofrece la pintura.

De pronto, dice, sería bueno tener por ahí un modelo que imitar y de esa manera al ver ese retrato, compartir eso que nos gustaría ser. Por eso, cuando vemos a una mujer apacible, como el retrato que hizo Ingres de Madame Antonia Devaucay de Nittes en 1807, podemos imaginar que con ella nos podríamos sentar a su lado para platicarle nuestras penas y sufrimientos que seguramente escuchará para confortarnos.

O reconocer y apreciar la vida íntima de esas mujeres que Johannes Vermeer van Delft (1632-1675) ha pintado en su casa, unas sirviendo la leche o la joven de la perla o aquella que suspende sus clases de guitarra para soñar, por un instante, en sus amores. Así, podemos ver sobre todas las cosas la delicia de la intimidad, tal como lo hizo en esos pequeños cuadros de este pintor gigantesco del siglo XVII que nos hace ver lo cálido de la vida íntima.

El arte nos permite para reconciliarnos con la belleza y esa experiencia nos permite tener la esperanza que nos mantiene vivos a pesar de lo que nos rodea. Somos frágiles y a veces llegamos a desequilibrarnos. Por eso, podemos encontrar en la pintura ejemplos para volver a equilibrar nuestras emociones y sentimientos, como un salvavidas.

Cuando ya no sabemos bien a bien quiénes somos, podremos encontrar en estas artes aquello que pensábamos que éramos y, por ahí, volver a encontrarnos de nuevo como si nos ayudaran esos espejos para encontrar algunos rasgos de lo que somos.

Así sucede cuando vemos una escultura de un Buda apacible y sonriente o las nubes de Constable y entonces, respiramos hondo para que el alma nos vuelva al cuerpo, como poder ver en ese espejo y reconsiderar las etapas del amor por las que hemos pasado o tantas otras cosas como nos dice de Botton en esta conferencia.