miércoles, 5 de febrero de 2014

Las estrellas del escenario

INFOSEL Crónica cultural del jueves 6 de febrero, 2014.
D.F. Bipolar con Humberto Solórzano, Bárbara Foulkes, Antonio Rojas y Ariane Pellicer.
De pronto, la cartelera de teatro brilla con esos estrenos de primera calidad, además de las obras que se pondrán en escena gracias al Festival Nacional e Internacional —con Alemania, Estados Unidos y Brasil como invitados— de Teatro Universitario y las adaptaciones de dos obras que hemos gozado leyendo: Los ingrávidos de Valeria Luiselli y Tirano Banderas de Valle-Inclán. Por eso habría que revisar la cartelera para que vean todo lo que hay en escena.

Una de estas estrellas es D.F. Bipolar, una obra escrita por Ximena Escalante que se inauguró el jueves pasado en el Teatro Santa Catarina de Coyoacán (jueves y domingos), dirigida magistralmente por Antonio Castro con un reparto de primera: la monumental Ariane Pellicer; Humberto Solórzano con tan buena voz y actuación y la juventud de Antonio Rojas que junto con Bárbara Foulkes que se pasea por el escenario en silencio vestida de negro totalmente, personificando a quién ustedes ya se pueden imaginar, nos ofrecen una obra filosófica que, gracias a que pasó por las manos Antonio Castro, alcanzó a ponerle la sal y la pimienta que necesitaba con ese humor (negro) que se da en el momento oportuno en medio de esta transformación de un hecho realista en un sueño en donde le incluimos un viaje al inframundo como Dante acompañado por su Beatriz, así como el deseable mito del olvido —como la muerte—, de tal manera que, en poco más de una hora confirmamos cómo el miedo paraliza y cómo podemos pasar de la manía a la depresión, por una suerte de impotencia frente a la violencia como lo hemos presenciado o leído.

En este mismo teatro, los sábados estará Paulina Sabugal en la obra Heimweh (algo así como la añoranza de mi terruño, cosa de padecemos de vez en cuando y es el caso de una joven mexicana que se casa con un austriaco con el que vive en Viena. Tal vez el clima, la soledad y el lenguaje pudo haberla afectado... no lo sé, pero un sábado cualquiera, hasta el 1 de marzo lo podemos averiguar.

Valeria Luselli es una joven escritora de la nueva generación que ha escrito Los ingrávidos, fresca y efectiva, escrita con una pluma ágil dentro de una estructura original en donde juega con el tiempo. De ella hablé hace un par de semanas y recordé que lo que realmente quería escribir era una novela silenciosa, para no despertar a los niñosque sea compacta, porosa. Como el corazón de un bebe, y tal parece que lo logra. Es de lo mejor que se ha publicado en estos tiempos y ahora las han adaptado para la escena bajo la dirección de Fernando Bonilla con Joaquín Cosío, Jorge Zárate, ese gran actor experimentado, Haydeé Boetto y Casandra Ciangherotti, que ya está en el Teatro Helénico.

Se nos fue en vivo Woyzeck de Büchner y el martes pasado alcanzamos a ver los Trabajos de amor perdidosLove’s Labour’s Lost— de Shakespeare bajo la dirección de Alexander Lang, en una puesta en escena de la Academia de Arte Dramático Ernst Busch de Berlín. Es una comedia en donde José Luis Ibáñez había señalado que Labour también significa “ese trabajo o labor que hacen las mujeres durante el parto”… y por eso, le hemos estado dando de vueltas para encontrar alguna clase de paralelismo pues, como decía Luis Astrana Marín en esta obra «lo primero que sorprende es el conocimiento que muestra el autor de la vida y las costumbres londinenses. Los nombres eran familiares al público que seguía la guerra civil de Francia desde 1589.»


Para cerrar con broche de oro han puesto en escena Tirano Banderas de Valle-Inclán dirigido por Oriol Broggi con un reparto iberoamericano en la adaptación que hizo Flavio González Mello. La obra terminó su temporada en el Teatro Español de Madrid y ahora la inicia en México en el Teatro Julio Castillo del Centro Cultural del Bosque, como parte de su gira latinoamericana. ¡Bravo! El dictador Santos Banderas de la región de Santa Fe de Tierra Firme se mantiene en el poder hasta que es derrocado por su propia estupidez. Una vez más… ¡Bravo!