viernes, 14 de marzo de 2014

Incapaz de ver otras flores

INFOSEL, Crónica cultural del jueves 13 de marzo, 2014.
Charlotte y Werther en la versión cinematográfica.
Casi todos, en algún momento de nuestra vida, fuimos románticos, es decir, amamos y admiramos a la Naturaleza y por eso le dedicamos cartas, poemas, suspiros y varios días de nuestra vida tratando de comprender sus misterios, su grandeza o su belleza, siguiendo ciertos patrones que podíamos cantar como lo hizo el Werther de Massenet: ¡Naturaleza llena de gracia, reina del tiempo y del espacio, dígnate recibir al que pasa y te saluda, humilde mortal! Todo me atrae y me agrada: este muro y este rincón sombrío, esta fuente límpida y la frescura de la sombra. No hay ni un seto ni un matorral donde no eclosione una flor y donde no sienta un escalofrío. ¡Oh, Naturaleza!

Sí, que eclosione una flor, como eclosionan nuestras emociones frente a estos fenómenos como los de ese joven que se declara enamorado de la Naturaleza como si fuera la vida misma y se permite, cosa no vista hasta ese entonces en el siglo XVIII, expresar públicamente sus emociones no sólo sin sentir vergüenza, sino como si hubiese logrado un derecho en hacerlo.

De esta manera se va perfilando este personaje que Goethe crea en 1774 en su novela epistolar donde vamos compartiendo sus pasiones que tal vez ahora las podemos identificar como un melancólico o depresivo magnificado por una sensibilidad que hasta esa fecha, nadie había sido capaz de expresar.

Sergio Vela habla del síndrome Werther a ese fenómeno y a esa manera de ser y de vestirse. Tanto que se puso de moda guardar las lágrimas como objetos que implican y resumen los sentimientos. Por desgracia, también se puedo de moda no encontrar una salida al rechazo amoroso y por eso, suicidarse como si con eso pudiéramos decirle a quien nos haya rechazado como dicen que dijo el ahorcado: me mataron, pero les saqué la lengua.

Jules Massenet (1842-1912) fue el compositor francés que toma esta obra epistolar y la convierte en una ópera que en su estreno, fue puesta en escena traducida al alemán. En ella, logra, como la música, darnos paquetes completos de esa historia de amor imposible y la incapacidad de Werther de ver otras salidas y aceptar que Charlotte estaba comprometida desde que la acompañó a un baile con Albert, un hombre que bien había escogido su padre viudo y desesperado por casar a su hija mayor de una familia numerosa.

Sophie, la hermana de Charlotte, era todo lo contrario y de esta manera contrasta la alegría de vivir de esta jovencita con la melancolía que arrastra a esos que son incapaces de aceptar el rechazo. Werther y Charlotte se enamoran el día del baile y, a partir de ese momento, él construye una obsesión y un castillo de arena donde compara su amor por esta mujer con el que tenía a la madre Naturaleza, una obsesión que no le permitió ver el resto de tantas otras flores como las que había en el campo.

La madre Naturaleza, la madre como el amor imposible cuando somos incapaces de aceptar ser desplazados por el hermano cuando ella se concentra en los hijos que llegan supongo que sería la interpretación de un amor que, al ser imposible de satisfacer, en una obsesión y vacío que no se llena con nada.


 Duele ver el final en donde, con alevosía y ventaja, le pide prestada las pistolas a Albert, el marido de Charlotte, para pegarse un tiro tal como lo podremos ver este sábado a las 11:00 en la ópera del MET cuando ella lo ve morir en sus brazos impotente.