jueves, 27 de marzo de 2014

La historia convertida en caricatura

INFOSEL, Crónica cultural del jueves 27 de marzo, 2014.
Catalina, la princesa de Francia, aprendiendo inglés en la tina.
La versión que trajo a México la Propeller Theater Company de Inglaterra al Festival México Centro Histórico se anunció como Pocket Hernry V (Enrique V de bolsillo). En realidad, deberían de haberla titulado como Caricatura de Enrique V porque eso es lo que resultó ser desde que inicia hasta que termina la puesta en escena por seis actores de primera, como esos que sabemos se preparan en Inglaterra con una presencia corporal abrumadora, además de su enjundia y la capacidad de cambiar de personajes y pasar de ser Bates, el soldado inglés a ser Carlos VI de Francia o el Conde de Salisbury o, como en este otro caso con Neil Craig quien satiriza, a través de un travestismo burdo, a la princesa Catalina o Joseph Wilkins que pasa de ser Williams, otro soldado inglés, a Montjoy el Heraldo francés exagerando, como sucede en las caricaturas, el supuesto amaneramiento de los franceses.

Efectivamente logran que el público se ría y tal vez por eso se van satisfechos sin importar que han convertido una obra histórica en una farsa apoyada por unos golpes burdos como los que damos cuando exageramos los hábitos, la cultura o el otro idioma porque saben que son golpes efectivos, aunque se pierda la esencia de la obra hasta convertirla en una vulgar farsa.

Inicia con una entrada espectacular de los seis soldados con sus uniformes como los que usan ahora en Irán, burlándose con sus propias canciones «patrióticas» que imaginamos exageran el patriotismo como se proponen con las guerras y con ese doble sentido empieza la obra con su Prólogo, todo un tratado sobre la imaginación, y empiezan diciendo: ¡Ah!, quién tuviera una musa de fuego para poder ascender al más radiante firmamento de la invención!, para seguir anotando la importancia de ver la realidad tal como es y no como quisiéramos que fuera, y por eso dicen entonces, aparecería Hal como es, con su porte de Marte y, a sus pies y en cuclillas, atados como perros y listos para ser contratados el hambre. la guerra y el fuego, pero la esencia de esto se pierde porque decidieron que cada uno de los soldados declamara unos cuantas versos, cosa que hacen con un inglés bien pronunciado, pero el efecto de su contenido se diluye por hacerlo de esa manera.

Eso es lo que logran: desvanecer los momentos clave para convertir la obra en una serie concatenada de sucesos, irónicos como si fuera bulling contra los franceses cada vez que sea posible.

Sí, declaman bien los versos pero no salen del interior y el actor de color Oliver Wilson, el Enrique V de la obra, hace y deshace lo que tiene que decir para enterarnos a pasos agigantados de la historia de bolsillo, pero nada de lo que dice tiene peso específico porque le sale de dientes para afuera.


Edward Hall, su director, logra una buena dinámica y todo sucede en un solo acto en una hora sin detenerse en ningún momento para reflexionar, como lo hizo  Enrique V, cuando tenía sus dudas para resolverlas, entre él y su alma, en la negra noche antes de la batalla contra un ejército cinco veces mayor sabiendo que sus hombres estaban cansados y enfermos. De ahí la angustia de enfrentar un reto así. Por desgracia, no lo trasmite porque se convierte en farsa. Sin embargo, le gustó al público (muchos jóvenes) porque es ágil y muestran su capacidad actoral pero, la sensación al final de la bataola, es que lo que vimos es una farsa, una sátira y una burla y no una parte de la historia de Inglaterra.