Así hacen todas

INFOSEL y El INFORMADOR de Guadalajara.
Despina (Danielle DeNiese) y Dorabella (Isabel Leonard) en Così fan tutte.
La belleza de Così fan tutte es difícilmente superada por cualquier otra de Mozart o de sus colegas. Tal vez se debe a ese equilibrio formal o a la dualidad que encontramos entre el dolor de la infidelidad, al tiempo que nos divertimos mucho.

Son tres hombres y tres mujeres que forman tres parejas y por eso disfrutamos de todo tipo de ensambles y juegos escénicos en donde pasamos de una situación aparentemente ideal, a caminar por el borde del precipicio en donde, aterrados, vemos cómo peligran las parejas. De esta manera, resulta que es al mismo tiempo una obra cruel y dolorosa, como divertida y angelical, tal como lo ha señalado Sergio Vela en la conferencia que tenemos disponible  en aulabierta.org con la que podrán disfrutar más de esta obra donde somos testigos del genio de Mozart con esta obra compuesta casi al final de su vida y plenitud de funciones para conmovernos y divertirnos.

No puedo olvidar una película —que no recuerdo su título— en donde el protagonista (¿George Cloony o Robert de Niro?) está en la cárcel y logra hacerse cargo de la biblioteca y sobre todo de la discoteca. Por eso pone discos a la hora del recreo en el patio para que sus compañeros oigan por el altavoz algunas partes de esta ópera y, en particular, los duetos que los dejan francamente asombrados cuando las dos hermanas expresan como sienten que el viento sean como sus sentimientos entre la nueva aventura y la pérdida de la inocencia como bien se puede expresar musicalmente hablando. El contraste del público en la prisión y la música angelical es inolvidable.

La trama —como en las comedias shakesperianas— nace de una apuesta que hacen los novios (Ferrando y Guglielmo) con don Alfonso por cien monedas y un brindis, para probar la fidelidad de sus novias.

—Nada —dice don Alfonso—, ya verán que todas hacen igual (Così fan tutte) —en donde el verbo hacer es la clave en la comedia pues, a final de cuentas, la moraleja, no importa si se trata de una situación en siglo XVIII o en el actual, la verdad de las cosas es que nunca hay que poner a prueba, como bien decía Cervantes en la historia del «Curioso impertinente» (Capítulo XXXIII de El Quijote), la fragilidad de la mujer pues… es de vidrio, pero no se ha de probar si se puede o no quebrar porque todo podría ser. Y es más fácil el quebrarse y no es sensato poner en peligro de romperse lo que no puede soldarse…

Las hermanas, después de haber escuchado los consejos de Despina su sirvienta, están dispuestas a dejarse querer y se preguntan ¿quién será el que las pretenda? Para colmo de la farsa, deciden intercambiar parejas y nosotros nos preguntamos si sabían que sus novios estaban disfrazados o si simplemente tenían la curiosidad de saber que pasaba si intercambian pareja. De ser así, hay una especie de hipocresía en este juego escénico y, si no es así, el riesgo es brutal porque, al final de cuentas, una vez que la verdad queda desenmascarada, habrán tenido sus escarceos amorosos con la pareja de la otra y aunque se supone que hay un final feliz (por eso es comedia), nos deja un hueco en el estómago, pues tenemos que aceptar que así hacen todas.


Ellas dicen que cayeron en la trampa por los trucos de don Alfonso y de la seductora Despina quienes aceptan haberlos engañado pero, en realidad, es un desengaño para los enamorados que ahora serán más sabios y vivirán más conscientes de la fragilidad humana, de la mudanza y de la posibilidad de ser a veces tornadizos y veleidosos tanto los hombres como las mujeres, aunque, en este caso, así hacen todas es una lección para los hombres sobre la naturaleza femenina pues, la masculina, es otra cosa que ya se ha averiguado desde la antigüedad.