jueves, 10 de abril de 2014

La magia y el poder de la imaginación

INFOSEL, Crónica cultural del jueves 10 de abril, 2014.
Joey en plena acción en War Horse desde el National London Theater.

Son varios los puntos notables los que encontramos en War Horse (Caballo de batalla) la obra de teatro que está ahora en la cartelera del National London Theater y que, por eso, la transmitieron a las pantallas del Lunario en la ciudad de México el pasado lunes y martes: el primero de todos y tal vez el más notable, son los caballos como títeres al tamaño natural en donde, a los dos minutos de verlos en escena sin truco alguno, se convierten en caballos de «a deveras», con todo lo que implica un animal como estos, amaestrado por el joven Albert que, al hacerlo con cariño llega a comunicarse con él como con nadie en su vida.

Al caballo le puso «Joey» y es el principal protagonista de la obra que, como su título lo indica, sucede antes, durante y después de la Primera Guerra Mundial. Aquí es donde viene el segundo tema relevante a considerar tal como lo imaginó Michael Mopurgo (1943-) en su novela de este que es un maestro de escuela que se ha ganado el título de Children Laureate en el Reino Unido en donde aprovecha los sucesos de esa guerra donde murieron ocho millones de hombres y seis millones quedaron discapacitados, junto con otros tantos millones de caballos ingleses que fueron sacrificados en los campos de batalla cuando, en desigualdad de circunstancias, los de la Caballería no se enfrentaban a sus iguales, sino a las ametralladoras de mayor alcance que barrían con todo lo que se atravesaba en su mira o quedaban atorados en las alambradas que ponían, imposibles de ver para ser castigados hasta la muerte sin piedad alguna. Pero eso sí… de los dos lados había esos como Albert que querían y cuidaban a los caballos y este hecho contrasta con el absurdo de la guerra.

La magia y el poder de la imaginación son dos elementos que hacen de esta obra una maravilla. La facilidad con la que convertimos un objeto que es manipulado —de manera genial— por tres personas, se nos olvida lo que es y, de pronto, estamos frente a un animal como los que conocemos y hemos tenido la fortuna de haber montado a campo traviesa como en una época luminosa lo hicimos entre los cerros calizos, los ríos y arroyos que corren antes de Tepeji del Río. Por esos recuerdos nos identificamos con el aspecto humano que hay —en casi todos nosotros— y el amor que se le puede tener a estos animales, como si entendieran el apapacho en el cuello después de una buena carrera o las zanahorias antes de salir y el agua fresca del arroyo que beben como lo vimos en esta obra de teatro que tanto nos gustó.

La historia de War Horse fue adaptada para radio y luego como obra de teatro en South Bank de Londres (2007) con las títeres diseñados y construidos por la Handspring Puppet Company de Adrian Kohler y Basil Jones con Thys Sander, el principal constructor de los títeres de Cape Town en Sudáfrica. El éxito fue inmediato y por eso se fue al West End de Londres dos años después para brincar el charco y llegar a Broadway al Vivian Beaumont Theater con un éxito tal que, durante años las entradas estaban agotadas. Luego, Steven Spielberg hizo una película (2011) utilizando caballos naturales donde perdió su magia y se convirtió en un drama más de la esa guerra mundial.


La obra no pierde ritmo y el reencuentro de los dos, hombre y caballo, heridos pero con vida es un especie de final feliz. No cabe duda que el poder de la imaginación y la magia del teatro son un buen matrimonio.