Empieza la fiesta y la temporada de lluvias

INFOSEL, Crónica cultural del jueves 26 de junio, 2014.— 

Las alegres comadres de Windsor
La fiesta empieza como deben empezar las que son inolvidables: animada, llena de luz y de humor. Entonces la vida nos sonríe como le sonrió a Carl Otto Nicolai (1801-1849) en el siglo XIX porque bien lo trasmite en la Obertura a las alegres comadres de Windsor que compuso y que es la pieza con la que empieza su fiesta la Orquesta Sinfónica de Minería (OSM) el próximo viernes 4, sábado 5 y domingo 6 de julio en la Sala Nezahualcóyotl bajo la elegante batuta de Carlos Miguel Prieto y la dirección artística de Sergio Vela.

Con esta pieza la OSM celebra los 450 años del nacimiento de Shakespeare autor de la comedia Las alegres comadres de Windsor (1597) que dicen compuso en catorce días, gracias al deseo de la reina Isabel I de Inglaterra después de haber conocido al verdadero Sir John Falstaff en las dos partes de Enrique IV (1596) y que ahora se ha convertido en una caricatura de aquel que decía ser el padre putativo de Hal cuando era príncipe de Gales antes de que lo exilara como lo había anunciado en la Taberna de la Cabeza de Jabalí para morir de tristeza (como nos enteramos en Enrique V de 1599).

Pero la Obertura de esta comedia no tiene nada que ver con esto y después de una introducción formal que imaginamos como un amanecer después de todo lo que le ha sucedido a Sir John que engreído estaba seguro de conquistar a dos comadrees vecinas de la provincia de Windsor a quienes les manda la misma carta con las mismas florituras y deseos, sin saber que ellas se iban a enterar y a ponerse de acuerdo y, no sabemos si por orgullo o por desprecio, planear su venganza contra este caballero que se cree un galán y por eso simulan aceptar sus lances amorosos antes de salvar su vida de milagro metido en una canasta de ropa sucia que es lanzada desde la ventana de la casa de la comadre Ford directo al Támesis helado y profundo.

«He sufrido las agonías de tres distintas muertes —nos explica Sir John—: primero, un intolerable miedo a ser descubierto por ese cabrón podrido de celos; en segundo lugar, el inconveniente de verme doblado como una espada de Bilbao con el puño junto a la punta, es decir, la cabeza con los talones. En tercer lugar, el suplicio de la asfixia, puesto que estaba encerrado en un aparato de destilación entre harapos sucios que se fermentaban en su grasa. ¿Se puede imaginar la posición de un hombre de mi especie que, con el calor me derrito como una bola de manteca y tengo el cuerpo en disolución perpetua, en deshielo permanente? Milagro ha sido que no me ahogara…»

Pero la Obertura no tarda en dar un giro y declararse festiva, como la vida que provocaba este hombre a su alrededor, este tramposo pero encantador caballero venido a menos, ya de edad mayor pero que no pierde el ánimo a pesar de estar en la chilla. Se trata de una comedia y tiene su final feliz mientras escuchamos los valses que tanto nos alegran y recuerdan esos salones llenos de luz y los deseos rebotando entre los espejos.

En menos de nueve minutos Nicolai y la OSM nos transmiten la alegría por la vida de este juego que, como se pregunta una de las comadres: «¿qué tempestad ha arrojado a las playas de Windsor a esta ballena cuya barriga contiene tantos barriles de aceite? ¿Cómo vengarme de él?... Lo mejor sería engañarle y darle esperanzas, hasta que los culpables ardores de la concupiscencia se derritan en su grasa. ¿Se vio alguna vez cosa semejante?»

No, en realidad no habíamos visto cosa semejante y el compositor en esta Obertura lo interpreta tan bien que nos pone a tono para este tiempo de aguas y para entender en esta comedia la importancia que tiene tomar las cosas graves con sentido del humor: la salvación de tantas y tantas posibles disputas.