jueves, 5 de junio de 2014

Jalar los hilos y lavar la ropa sucia

EL INFORMADOR, Tertulia del sábado 7 de junio, 2014. 
Víctor Huggo Martín, Ximena Ayala, Mauricio Islas, Tiaré Scanda y Alejandro Calva.
Los trapos sucios se lavan en casa, dice la gente cuando alguien habla de más sobre esos temas que pertenecen, más bien, a la vida íntima y los que estamos alrededor no debemos conocer. Pero, cuántas veces no hemos estado en alguna reunión en donde, sin venir a cuento o aprovechando que están nuestros amigos, nos empezamos a desahogar diciéndole al otro (amigo, pareja o lo que sea) aquello que no nos habíamos atrevido a hacerlo en privado en en casa, cerca de la lavadora.

Todo puede empezar jugando con ese amigo que va a ser padre a quien le preguntamos si ya sabe qué nombre (Le prenóm, en francés) le piensa poner a su hijo y, a partir de jalar ese inocente hilo resulta que se va deshaciendo esa madeja de sentimientos ocultos para que salgan y se vayan engarzando entre todos los que estamos en la reunión como caballos desbocados que corren en el campo de las situaciones incómodas que pueden terminar en tragedia de la vida cotidiana.

De repente eso que decimos puede ser el inicio de una separación anunciada sobre todo si no hay sentido del humor que tantas veces nos ha rescatado de una caída por knockout. Por eso digo que si ahora que van estar de vacaciones en el verano y si vienen a la ciudad de México, vean Le prenóm, una obra que está en el Teatro Banamex de Santa Fe (Plaza Zentrika) después de haber tenido mucho éxito en Francia y en Argentina, escrita por Matthieu Delaporte y Alexandre de la Patellière, misma que ha sido adaptada por Flavio González Mello para ser dirigida por Antonio Castro, en donde estoy seguro que se divirtieron como enanos —¿por qué “como enanos”? ¿Será que nos referimos a los del circo que siempre son los payasos que corren y parece que se divierten?

Flavio adaptó la obra con todo y un lenguaje florido para que los cinco personajes cenen en casa del Pepe, el maestro de la UNAM e Isabel, su esposa, maestra en una escuela de monjas y madre de dos hijos pequeños, mientras que el público nos convertimos en los voyeurs que vemos cómo sacan los trapos sucios para colgarlos en la sala de su casa con todo eso que habían tratado de ocultar hasta ese día.

Un comentario termina en huracán y, en menos de una hora y cuarenta minutos, se abren grietas en la pared y se pasa del saludo formal a la reclamación de la amistad para convertir esos territorios en los del rencor y acusación de frustraciones como la prepotencia o la eyaculación precoz de quien se creía lo máximo, o los otros trapitos de Carlos, el trombonista de la OFUNAM y el más amable y comelón de los amigos que guardaba bajo la manga una granada de mano y así, sucesivamente, Ana, la esposa embarazada de Enrique, hacen de la cena el nudo gordiano de esta comedia hasta que se van despidiendo con la resaca emocional y la boca seca.

Jalaron los hilos y lavaron la ropa sucia para colgarla en la sala para que quedaran a la vista los lamparones de Pepe, la rotura del alma de Isabel, el pequeño gran Edipo de Carlos como ese que todos llevamos dentro y la prepotencia de Enrique mi-rey que habían estado ocultos aunque y que hasta ese momento se creían el rey de todo el mundo sin tolerar casi nada, creyendo que la vida y los demás, tienen que girar a su alrededor.