La montaña rusa de las aflicciones

EL INFORMADOR, Tertulia del sábado 14 de junio, 2014.—
La agonía en la cocina de Jessica Todd Harper (2012).
¿Dónde o cómo podemos encontrar un espejo para ver reflejado eso que estamos sintiendo y que es tan difícil de explicar, aunque a veces nos ahogue y pensemos que no tiene salida? Considerado como un todo —dice Alain de Botton—, vivimos un misterioso ciclo de penas y aflicciones (como si fuéramos por la montaña Rusa) que, con el tiempo, se convierte en un catálogo de pesares, como es el papel que juega en nuestra vida el sufrimiento.

Buscamos nuevas perspectivas que nos permitan fortalecer la capacidad de entender el dolor para que así lo podamos colocar en el lugar que se merece, al tiempo que deseamos compartir eso que no sabemos explicar.

Por eso, cuando sabemos que otros lo han sentido y lo pueden expresar como pocos pueden hacerlo, entonces, podemos reflexionar, compartir esos sentimientos y tener un punto de apoyo para remover el estigma del dolor para que salga por la misma puerta por donde entra la angustia.

Cada quien se conecta a su manera y unos buscamos en la literatura, otros, en la pintura o en los espacios arquitectónicos o en el paisaje o en la música o la danza o en las obras de teatro, para ver si a través de ellas podemos desahogar esta angustia haciendo un esfuerzo que es finalmente puede ser muy gratificante y nos pueda ayudar a encontrarle sentido a las cosas y un mejor equilibrio de nuestras emociones.

Ya lo había dicho Vargas Llosa: «la literatura, la música o una exposición pueden enriquecer la vida, intensificándola y sensibilizándola de manera profunda, transportando a los lectores, oyentes o espectadores a unos niveles de percepción y comprensión del mundo, de las relaciones humanas, de los sentimientos que, además de hacerlos gozar, los vuelve más lúcidos respecto a las insuficiencias e imperfecciones de las que están rodeados.»

Esos pesares que enfrentamos en la vida —dice Alain de Botton en Art as Therapy— nos pueden angustiar ya sea porque somos incapaces de encontrar el amor o cuando nos entra el pánico por falta de dinero o nos damos cuenta nuestras relaciones familiares son infelices o porque el trabajo es frustrante o cuando enfrentamos con incertidumbre la adolescencia, más la maldita culpa y los remordimientos a la mitad de la vida o la angustia que sentimos frente a la muerte o al darnos cuenta que esas ambiciones que teníamos de jóvenes no las vamos a alcanzar.

Este es un catálogo que se suma al fracaso de esas relaciones que de pronto se tensan y se rompen por alguna razón: por intransigencia o por falta de tolerancia de aceptar que cada quien sea como es y no como queremos que sea.

Si en una época el arte les servía a las autoridades para convencer a la gente de sus principios ahora, el reto consiste en buscar o promover la creación de obras que nos puedan servir para enfrentar y resolver esas necesidades psicológicas y que sean tan efectivas como en otras épocas fueron para los temas teológicos o la comunicación de la ideología del Estado.

Por eso hay que empezar a ver las obras de arte desde una nueva perspectiva y que sea a través de ellas que veamos reflejados nuestros sentimientos de tal manera que los integremos a nuestra visión y que lo oculto salga a la luz y se acomode en el lugar que les corresponde, asimilando y digiriendo nuestras penas de esta manera.