El retrato en el agua o la imagen de psique

EL INFORMADOR, Tertulia del sábado 12 de julio, 2014.

El rostro y el cuerpo, anhelo de inmortalidad le llaman a la exposición que se presenta en la casa ITESO-Clavigero que está en Guadalajara, Jalisco, con retratos de José María Estrada y Hermenegildo Bustos de la colección de Vázquez Noris. Para inaugurar la exposición dieron una conferencia Tomás de Híjar, Pbro. y Alfonso Alfaro (dos maestros del curso Guadalajara, la perla de Occidente que está en línea gratis en www.aulabierta.org y que pueden ver cuando quieran). El tema de la exposición se basó en «El rostro y el retrato» un ensayo de Xavier Villaurrutia que juega con el deseo de los retratados para perpetuarse de esa manera, un especie de ironía de  El retrato de Dorian Grey de Oscar Wilde —como lo comentó Tomás de Híjar— para que, de esa manera se satisfaciera el anhelo de inmortalidad, trastocando la resistencia que existe para aceptar que la vida es una y que todos nos vamos a morir, aunque, como decía Alex Saldivar… «¡nomás no empujen!»

Negar esto es un algo que sucede desde que el hombre toma conciencia de su mortalidad y por eso conecto esta exposición con el tema del estudio que hizo Erwin Rohde en donde nos explica cómo el pensamiento de los griegos de la antigüedad se «basaba en los sueños y de esa manera se imaginaban que había una alma o psique (la imagen de las personas como si fuera un retrato mal hecho como un especie de reflejo en el agua de la persona fallecida) y que por eso creían que esa imagen podía ser inmortal.»

Estas son las palabras de un testigo griego que expresa la esencia de la psique y que nos deja ver el origen de su existencia: Píndaro dice que el cuerpo sigue a la muerte todopoderosa y, añade que, de alguna manera, permanece viva la imagen del viviente, pues ella desciende de los dioses. La imagen se duerme o desaparece cuando estamos activos pero no puede afirmarse que esa imagen del alma no participa para nada en las actividades del hombre cuando está despierto. Su reino pertenece al mundo de los sueños y, cuando actúa su doble, es cuando el otro se halla sumido y está inconsciente de sí mismo.

Homero sigue creyendo que las vivencias de los sueños son hechos reales y no quimeras —dice Rohde— jamás dice, como tantas y tantas veces leemos en los poetas posteriores, que el que sueña ‘cree’ ver esto o lo otro: para él, lo que se percibe en los sueños son formas y figuras verdaderas, las de los mismos dioses o las de los demonios en los sueños enviados por ellos, así como, las ‘imágenes’ fugaces, momentáneamente sugeridas por los dioses; la visión del que sueña es un hecho real y lo que en ella ve, son objetos reales y concretos.

Por eso es real lo que se nos aparece en sueños como la figura de una persona recién muerta. Y si esta figura se nos presenta en sueños es porque existe, es decir, que sobrevive a la muerte, como una imagen aérea, algo así, como la imagen reflejada en un espejo de agua. Una imagen etérea e intangible, inaprensible; por eso recibe el nombre de psique... eso que el hombre sueña y ve en sus sueños que confirman la existencia de un segundo yo con vida propia».

Sin duda que todo esto es otra manera de expresar el anhelo por la inmortalidad que podemos ver ahora en esta exposición del rostro y los retratos.