jueves, 31 de julio de 2014

Expectativas del poema sinfónico Macbeth

INFOSEL, Crónica cultural del jueves 31 de julio, 2014.— 

Macbeth y Banquo regresan después de la batalla. El cielo está encapotado
En este juego de espejos trato de imaginar cómo es que el joven Richard Strauss (1864-1949) transforma la historia de Macbeth en su poema sinfónico Macbeth Op. 23 y cómo es que la ambición de este personaje se expresa musicalmente ahora que este fin de semana lo podremos escuchar en vivo con la Orquesta Sinfónica de Minería y la dirección de Carlos Miguel Prieto.

¿Cómo expresar musicalmente la vida de un hombre que pasa de lo bello, es decir, de la victoria y los honores recibidos por parte del Rey a lo feo, una vez que su ambición sale a flote de la cloaca del inconsciente y acepta que su mujer lo empuje para, entre los dos cometer un regicidio y, entonces, lo bello, que sería reinar Escocia, se convierta en lo feo y se transforma en un asesino serial?

¿En qué sentido Strauss interpreta musicalmente el desarrollo de esta historia? ¿Podremos escuchar cómo es que el monstruo sale fuera de sí para opacar todo lo que brillaba con sangre inocente que embarra por todos lados sólo para mantenerse en el poder?

La vida es una sombra que pasa —dice por ahí— un pobre actor que gesticula y se pavonea en el escenario una hora y luego nadie sabe de él, es un cuento contado por un idiota lleno de sonido y furia que nada significa. ¿Podremos escuchar musicalmente esta definición poética de la vida?

Parece que Strauss no logra en su poema sinfónico presentar las diferentes etapas por la que pasa este hombre hasta que termina muriendo en manos de Macduff, esto otro noble escocés que lo llama ‘perro del infierno’ antes de clavarle la espada y cortarle la cabeza para mostrarla como trofeo.

Macbeth fue un héroe, pero tenían que ser una brujitas las que destaparan su ambición por el poder externo y que también se puede interpretar por lo que sabe su mujer en cuanto a cierta decadencia de su poder sexual y, entonces, para demostrar lo contrario, asesina al rey en su propia casa, tal vez para mostrar su hombría y aparentar seguir siendo potente. Entonces, el triunfo se convierte en derrota (es decir, lo bello, en feo).

Ulises Schmill escribe en Las implicaturas del Resentimiento (Themis, 2010) lo que proponía Flaubert en relación al arte como espejo —de ahí este juego semanal—, donde declaraba que el novelista, el dramaturgo o el compositor son espejos que van al lado del camino reflejando los modelos que van construyendo y esto lo confirma Schmill citando a Hamlet cuando explica la finalidad del arte dramático y asegura (como también lo ha hecho Vargas Llosa) que el teatro tiene «la posibilidad de presentar un espejo de la Humanidad en donde podamos ver tanto la virtudes como los vicios de cada edad y cada generación, cada una con su fisonomía y su sello característico».

Tener un espejo para poder vernos reflejados en lo que hacemos y por eso tenemos algunas expectativas de conectar lo que escuchamos de Strauss con eso que comenta Macbeth al principio de la obra: «en mi vida he visto un día tan feo y tan bello al mismo tiempo» y, en ese espejo sabemos que esa sensación la podemos tener un día cualquiera mientras vamos por el Periférico, antes o después de esa batalla en las que luchamos a favor del rey y en contra del destino o de la competencia o del  rebelde Macdonwald que se atrevió a enfrentar al rey abiertamente y no como Macbeth, que desde lo oscurito lo asesina mientras dormía.

La obra fue escrita en 1606 y dos siglos después Strauss compone este poema sinfónico conociendo que este hombre después de ese hecho no volverá a dormir, pues… ha asesinado al sueño. ¡El inocente sueño, el sueño que entreteje su enmarañada madeja con tanto cuidado! El sueño que es como la muerte de cada día, el baño para la fatiga, el bálsamo para nuestra mente dolida, el segundo plato de la Naturaleza y el principal elemento del festín de la vida, como escribió Shakespeare y como espero que Strauss lo considere en su poema sinfónico.