Sobrevive el que mejor responde al cambio

INFOSEL, Crónica cultural del jueves 10 de julio, 2014.
HSM Beagle en el viaje de Darwin como naturalista (1831-1836).
Ahora podemos disfrutar la exposición montada en el Antiguo Colegio de San Ildefonso sobre La vida y la mente del genio de Charles Darwin que conecto con el primer libro que publiqué como editor privado para el CONACYT en 1980: El origen de las especies —ilustrado— en una versión abreviada y una introducción de Richard E. Leakey, publicada originalmente por The Rainbird Publishing Group, Ltd., en Londres (1979) con quien negocié los derechos de autor y extendí la invitación que le hizo el Dr. Edmundo Flores, director del Consejo para que viniera a México el Dr. Leakey en el cumbre de su carrera, para presentar su libro una vez que estuviera lista la primera edición en la segunda mitad de 1980 (se hicieron tres reediciones en dos años, incluyendo una versión de bolsillo).

Leakey es un paleontólogo y arqueólogo famoso que descubrió varios fósiles homínidos en África Oriental como el del valle de Omo en Etiopía en 1967 conocido como el hombre de Kibish (considerado el Homo sapiens más antiguo); dos años después, en 1969, descubre el cráneo de Paranthropus boisei y luego el Homo habilis en 1972.

En 1984, cuatro años después de haber estado en México, uno de los integrantes de su equipo llamado Kamoya Kimeu encontró, cerca del Lago Turkana, el esqueleto completo de un niño de 12 años más o menos, con una antigüedad de 1.5 millones de años, clasificado como Homo erectus / Homo ergaster o el Niño de Turkana que luego describen en Origins Reconsidered (1992).

La primera edición completa de El origen de las especies se agotó el mismo día que apareció el 24 de noviembre de 1859, hace más de 155 años y, desde su aparición —como nos lo comenta Leakey—, se tradujo a más de 30 idiomas y que, a pesar de haber sido escrito para el público culto de la época de Darwin, se ha difundido por el mundo, pues tiene un valor literario que es único entre las obras de la imaginación científica.

La teoría de la evolución es la pieza angular de la biología moderna y, sin duda, la obra de Darwin es el cimiento sobre el que descansa esa teoría. Sin embargo, no fue el primero en señalar que las especies de plantas y animales pueden cambiar con el tiempo. Su abuelo, Erasmus Darwin, ya lo había señalado y el francés Jean Baptiste de Lamarck había publicado su Philosophie zoologique con sus propias especulaciones sobre la mutabilidad de las especies.

Tal vez por todo eso, es tan interesante poder volver a recordar este tema que inventa ese hombre que se pasó cinco años como naturalista a bordo del H.M.S. Beagle (1831-1836) alrededor del mundo observando, coleccionando y meditando sobre los fenómenos geológicos y biológicos con los que se enfrentaba para finalmente poder proponer una teoría sobre la evolución.


Los científicos del XIX le llamaban al tema de la evolución “el misterio de los misterios” y, por eso, el trabajo que finalmente publicó 23 años después de su exploración tiene una mayor impacto porque  logra tener una amplitud y una profundidad extraordinarias, además de descubrir los mecanismos por los cuales las especies pueden cambiar en eso que él llamó “la selección natural”, cuando descubre que “en las especies, el que sobrevive no es el más fuerte, ni el más inteligente, sino aquel que responde mejor al cambio”, una propuesta que es vigente y que fue el resultado de haber observado a miles de especies con lupa. Darwin no fue el primero pero, como apunta Leakey, hizo “el primer relato convincente y maduro.”