Del paso del tiempo

EL INFORMADOR, Tertulia del sábado 9 de agosto, 2014.
Orlando y Rosalinda en una puesta en escena de Como les guste.
México D.F., a sábado 9 de agosto, 2014.— La idea de que el Tiempo pasa es algo que nos interesa y qué mejor tratar de entenderlo a través de las obras de teatro. Por ahí hemos encontrado algunos textos que nos llaman la atención y que tienen que ver con esto que nos pasa ahora que estamos un poco más viejos y que tenemos la impresión de que vivimos en paquetes que se cuentan por décadas y no como cuando éramos jóvenes que lo vivíamos por meses o días.

Ahora cuando les preguntamos ¿hace cuánto que no nos vemos? ¡Zas!, resulta que nos dicen que fue hacer 20 años! o ¿te acuerdas cuando estuvimos en Londres? ¡Órale…, fue hace 12 años! o como les preguntamos una pareja de amigos: ¿cuántos años llevan viviendo juntos? y la respuesta en coro fue “¡hace 10 años!” y, así, todo lo medimos por décadas.

En el Cuento de invierno creí era una locura cuando aparece El Tiempo y anuncia: «Yo, que suelo complacer a algunos y pongo a prueba a todos, siendo la alegría y el terror para buenos y malos; yo, que engendro el error y lo revelo, quiero ahora, en uso de mis prerrogativas, servirme de mis alas. No lo consideren como un crimen que en mi veloz carrera salte dieciséis años, sin detenerme a exhibir lo que pasó en el transcurso de ellos, pues está en mi poder derribar leyes y, en un instante abolir viejas costumbres e implantar otras nuevas.»

Si el poeta escribió esto en 1610, a lo mejor se refería a los 16 años que habían pasado desde que llegó a Londres en 1594 cuando empezó a trabajar en el teatro, expresando de esta manera esta sensación que tenemos del paso del tiempo.

Dice que «engendra el error para luego revelarlo»… ¡Claro! pues bien sabemos que con el Tiempo sale la verdad de las cosas y si dice que han pasado 16 años desde que Leontes enloqueció de celos con su mujer... cuando pensé que era una locura del dramaturgo que brincara tantos años, no tardé en darme cuenta que hay una edad en la que esa medida es nuestra medida del tiempo.

Rosalinda en Como les guste, le explica a Orlando cómo es que viaja el tiempo «a diferente velocidad con distintas personas… Va a trote duro entre el día que se compromete la novia y su boda. Sí, señor, pues el ínterin puede ser de una semana y el paso del tiempo, es decir, el trote es duro pues en lugar de siete días, parece que pasan siete largos años… Va a paso normal con el cura que no sabe latín y con el rico que no sufre: con el primero, porque duerme como lirón y no tiene que estudiar y, con el segundo, porque vive feliz y no sufre dolores de gota...  El tiempo galopa con el ladrón condenado a la horca, pues no importa si camina despacio pues sabe que va al cadalso... ¿Con quién se queda parado, me preguntas? Con los abogados cuando están de vacaciones porque, como bien sabemos, entre juicio y juicio se duermen y así, no se dan cuenta cómo pasa el tiempo.»

Por pura coincidencia, la semana pasada El País publicó los títulos de esos libros que tratan del paso del Tiempo: Máquinas del tiempo de Newland; El mapa de Félix J. Palma; Tempus de Riesco; Moscú 2042 de Voinóvich y Viaje en el tiempo 5 de G. Stilton. 

No estaría mal ponernos al día para seguir a trote ligero.