miércoles, 13 de agosto de 2014

La mejores obras del famoso vagabundo

INFOSEL, Crónica cultural del jueves 14 de agosto, 2014.

Charles Spencer Chaplin nació en Londres en 1889 y tuvo una vida llena de retos, aventuras, éxitos y fracasos desde que inventó a Charlot el vagabundo, un personaje genial del cine mudo. Para 1923, con treinta y cinco años de edad, había creado su propia productora con la que pudo hacer su fortuna con la que se compró una casa en Beverly Hills. A partir de ese momento tuvo las manos libres para desarrollar toda su creatividad. Ese año dirigió A Woman of Paris con Edna Purviance (1895-1958), su admirada actriz y Adolphe Menjou para el año siguiente el 24 de noviembre de 1924 se casó por primera vez en México con la jovencísima actriz Lolita McMurray (o Lita Grey) que, para entonces, tenía dieciséis años. Su matrimonio sólo duró tres años y Chaplin tuvo sus dos primeros hijos: Charles Spencer y Sydney Earle. Cuando se divorció, tuvo que pagarle un millón de dólares a su Lolita.

En estos tiempos modernos viene de maravilla volver a ver algunas de estas obras del séptimo arte en la pantalla grande como ahora las que pasarán en las salas de Cinépolis en alianza con la Cineteca Nacional. Es una colección de películas que a casi un siglo de distancia nos entretienen y volvemos a ver, asombrados, a este pequeño actor de gran agilidad que podía brincar, dar maromas y caerse a la menor provocación con tal de hacernos reír. Fue capaz de inventar todos los gags posibles que ahora son parte esencial para los cómicos de la escena.

La clave en las comedias (y en tantas otras cosas en esta vida) es el timing, cosa que bien lo supo Chaplin y que lo supo aplicar una y otra vez con lo que siempre tuvo éxito en sus cortos y películas de largo metraje. Con el tiempo descubre que para que fuera más efectivo el humor tenía que contrastar con algún drama porque de esa manera el público gozaba más la obra que, saliendo del cine, esperaba ver la siguiente obra de Chaplin.

Chaplin para siempre se llama este ciclo que pasan en estos días en Cinépolis y en la Cineteca Nacional. Las obras que pasarán son: El chico, esa película en la que no sabemos si reír o llorar cuando eelse vagabundo se hace cargo amorosamente de un niño abandonado a su suerte y se convierte en su cómplice de por vida. En un momento clave, lo vemos, sin un quinto, comer una suela de su zapato como si fuese un filete Mignon con tal de que no se lleven al Hospicio a su pequeño amigo.

La quimera del oro, El circo y Luces de la ciudad, la película en donde vemos a Charlie el vagabundo que anda en sus correrías hasta que conoce a una joven vendedora de flores que está ciega y cuyo mal tiene remedio si se somete a una costosa operación. Él decide ayudarla y por eso luchará hasta que consigue el dinero necesario. Filmada justo en la transición entre el cine silente y el cine sonoro, esta tragedia romántica significó para Chaplin una afrenta hacia la nueva tecnología, potenciando al máximo la fuerza de la pantomima y la acción física para denunciar la injusticia social. ¿Se acuerdan?

Tiempos modernos en donde nos previene de lo que sería la vida después de la revolución industrial. Luego pasarán la gran parodia de Hitler con El gran dictador en donde vemos escenas que podían ser más ciertas en donde lo vemos con su bigotito, jugando en su despacho con un globo terráqueo inflado mostrando esa ambición de poderlo todo mientras hace una coreografía que nos deja asombrados.

Tomo un fragmento de su biografía cuando Charlie Chaplin llegó a Hollywood en la primavera de 1913, y comenzó a trabajar. Para el año siguiente se estrenaba su primera película, Making a Living o Ganándose la vida, conocida mejor como Charlot periodista. Ese mismo año rodó 35 películas cada una de un rollo (es decir, 35 cortos de entre doce y dieciséis minutos de duración), escritos y dirigidos por Mack Sennett quien había obtenido un gran éxito con sus filmes cortos de bañistas y policías, basados en corridas, gesticulaciones exageradas, palos y peleas con pasteles de crema. Fue este hombre quien adivinó las posibilidades cinematográficas de esa mímica refinada y compleja como la que mostraba Chaplin sus esbozos de un vagabundo ingenuo y sentimental que le daría fama en todo el mundo que bautizaría luego como Charlot el bailarín, Charlot el camarero, Charlot de conquista, Charlot ladrón elegante, etc. El éxito fue arrollador y, para 1915, la productora Essanay le robó a Mack a su estrella con un contrato de $1,500 dólares por semana, una cifra fabulosa para un cómico del cine mudo que, en la productora Keystone, venía cobrando diez veces menos.

A esta estrella la que podremos volver a ver en la pantalla grande para soltar el cuerpo y recordar lo que decía, entre otras frases aleccionadoras: «lo importante es luchar para vivir la vida, para sufrirla y para gozarla, perder con dignidad y atreverse de nuevo. La vida es maravillosa si no se le tiene miedo